EL RIVIEL Narraciones en Versos Folklore Esmeraldeño NELSON ESTUPIÑÁN BASS

EL RIVIEL

De tanto esperar, dormido

se ha quedado el compañero

en el potro, y un lucero

a su lado está caído.

Le cuento lo sucedido,

y me dice: – Si usté pasa

pa’l otro lado de la casa,

onde la cerca hace juin,

lo envuelve el hojarasquin…

 

Por eso, ¡cuánto se atrasa!

Rápidamente alistamos

canaletes y atarraya,

y zigzagueando la playa

por al estero bajamos.

abajo nos internamos

por unas trochas estrechas,

mal trazadas, ya deshechas,

y, en tanto echan sus cantares

en el aire los manglares,

pasamos abriendo brechas.

 

Se ocultan ya los luceros,

se está cerrando el camino,

pero yo soy buen marino,

graduado en mares y esteros.

Me envidian los marineros,

pues sin saber Geografía

hago cualquier travesía,

y aunque me tape un gran tumbo

no me hace perder el rumbo

mi compás: la valentía.

 

Suenan las lisas subiendo,

parece que son manchones,

se esconden los camarones,

alguien los va persiguiendo.

La tiniebla va creciendo,

y -¡oh, sorpresa!- de repente

veo que sube la corriente

un hombre en una canoa

con una luz en la proa

que se me viene de frente.

 

-¡Jesús!, -exclama el proero-,

¡se nos encima el riviel!

¡Orce duro el potro! ¡Es él!

¡Ay, nos hunde el traicionero,

y aquí hay titibra y hay mero!

cae el potro, desmayado,

porque el riviel lo ha espantado.

bogo fuerte hacia delante,

viene el riviel acezante,

seguro de haber triunfado.

 

Siento que no sea de día

y se prive esta visión

cobarde, en esta ocasión

de ver lo que es valentía,

probando mi gallardía.

se viene como un ciclón

a buscar el encontrón.

 

Firme espero el abordaje

para mostrar el coraje

que tengo en el corazón.

 

A pesar de menguante

veo que su tolovera

es una gran calavera,

achatada, repugnante,

reseca y espeluznante.

 

Con sus manos sin carne toma

y lo maneja y lo doma,

como amarrado con soga,

un hueso con el que boga

y hace toda su maroma.

 

Pero el riviel pendenciero,

como ya ha oído mi nombre,

sabe que está frente a un hombre

y toma otro derrotero.

Orzo entonces yo ligero,

echa espuma mi potrillo,

como sacándole brillo

al estero ennegrecido

bogo ya casi prendido

al potro mocho del pillo.

 

Bogo yo con toda mi ansia,

agua y viento voy rompiendo,

mas, con todo va creciendo,

a pesar de mi constancia.

Entre los dos, la distancia.

le grito que se presente,

aunque sea el diablo, de frente,

y colérico lo insulto,

pero ya solo es un bulto

que tramonta la corriente.

 

Veloz se bota a la orilla,

se mete en un totoral,

luego pasa a un lodazal,

y veo que su luz ya brilla

cual lejana candelilla.

 

Sale de la tembladera,

en fuga, como a carrera,

y a la vuelta de un estero

se me pierde el traicionero

en su canoa tan ligera.

 

Despiertan la madrugada

cantando las guacharacas,

aalborotan, cual maracas,

los cerros y la hondonada.

 

Ahora siento ya pesada.

La canoa, pues el proero,

igual a un oso hormiguero,

sigue en el fondo tumbado,

mientras yo estoy agotado

de bogar por el estero.

 

Llego al paso avergonzado,

donde la gente curiosa

acude muy presurosa

a mirar lo que he pescado

-Buenos días, ¿qué le ha pasado?

-Compadre, ¿qué ha sucedido?

Mas con el ceño fruncido

les devuelvo su saludo,

y les digo lo que pudo

pasar, si otro hubiera ido.

 

Al potro van enseguida,

levantan al compañero

y van donde el yerbatero

a que lo vuelva a la vida.

La gente marcha sufrida,

porque el cargado está yerto;

pero el curandero experto

lo tiende en su damajagua,

y dice: – Es espanto de agua.

¡No se asusten! ¡No está muerto!

 

Nelson Estupiñán Bass

Duelo de Gigantes

Timarán y Cuabú

Producción Gráfica 2001

LA TUNDA Narraciones en Versos Folklore Esmeraldeño NELSON ESTUPIÑÁN BASS

CUABU

Aunque mi patria es el mundo

soy nacido en Ecuador,

y como arde en mi sangre

puedo cantar su folklore.

Declaro que soy de aquí,

de esta tierra buena moza,

que satura mi canción

y la vuelve más hermosa.

 

LA TUNDA

Dejando atrás la bocana

se fue la Ambrosía hacia adentro.

Crueles, sin alma, las piedras

en los pies se le incrustaba.

Mas la negra caminaba

para adentro del estero,

avanzando indiferente

por el agua de cristal.

 

Aunque sus aguas se iban

lentamente para abajo,

el estero era un pintor

que retrataba a esa hora

el paisaje en su esplendor.

En una vega, los guabos

agitaban en el viento,

como culebras, sus guabas.

En la opuesta, un naranjal

pregonaba su cosecha

en el potrero aturdido

con semejante fragancia.

 

Niños descalzos derriban

papayas casi maduras,

y salen todos corriendo

al mirar el propietario,

dejando todo caer

en el estero sus risas.

Más adentro muelen caña,

están haciendo panela,

azucarado está el aire,

azucarado el paisaje,

azucarados los brazos,

el trapiche, azucarado.

 

La Ambrosia sigue hacia adentro,

llevando envuelto en una hoja

de plátano, verde y fresca,

su fiambre de mazato,

y descubierta en la mano,

la batea de lavar oro.

 

¡Ah, mujeres campesinas

de las selvas de Esmeraldas,

que bregan igual a un hombre

sacando trozas de balsa,

cargando tagua en canastos,

o racimos de bananos

bajo los hombros fornidos;

Con el machete y el hacha

en desbrotes o desmontes,

llevando las plantaciones

adentro de la montaña;

luchando a brazo partido

en medio de la maleza;

que si sale una culebra

con valor la despedazan;

que si un tigre es el que sale

y hay que enfrentarlo, lo enfrentan.

[…]

 

A las cuatro de la tarde

brilla el contento en sus ojos;

un frasco blanco y pequeño

guarda el oro que ha lavado.

Ahora vuelve por la playa,

y al mirar el agua ve

los árboles tiritando

en el fondo del estero.

¡Ay, cómo se llena el rancho

¡Con la rabia de la Ambrosia!

Dice: -¡Este Julio, el travieso,

¡Otra vez se jue pa’abajo!

Lo busca por todas partes;

Julio Ayoví no aparece.

Una vecina le dice:

-Se lo habrá llevao la Tunda,

la pata de molinillo.

 

Se derrama el comentario

a lo largo y a lo ancho

de la aldea a cuyas puertas

está llamando la sombra.

Poco a poco van subiendo

la indignación y la pena.

Cuando la tarde fallece

en brazos de la pradera,

toda la villa es un puño,

toda la villa está unida

para rescatar a Julio.

[…]

 

A niña recién lavada

huele la mañana fresca.

La gente marcha al rescate

del muchacho secuestrado.

Los perros van adelante,

siguen los hombres después

con machetes y escopetas,

y alternando entre unos y otros

corren contentos los niños.

 

Por en medio de un guandal

un niño rompe la pena,

gritando todo contento:

-¡Por aquí sigue la seña,

¡La pata de molinillo!…

Llega con alas la Ambrosia,

llegan con alas los niños,

con alas llegan los hombres.

Se acercan todos, y en ruedo

ven en la tierra la huella:

La pata de molinillo

junto a un rastro normal.

 

Ladran lejano los perros,

sigue creciendo el contento.

La gente sigue la marcha

pegando al suelo los ojos.

Atraviesan matorrales,

dejan atrás espineros,

Caminan por gualangales.

Sigue ladrando los perros

y honrados cerros devuelven

el eco de sus ladridos.

-¡Tal vez los perros la hallaron!

 

-¡Vamos rápido al gudual!

Buscan por entre las guadúas,

pero los rastros se pierden

en la maleza apretada.

¡Ay, el gozo de la Ambrosia

¡Se empañó con la tristeza!

Ya llegó la caravana

al ladrido de los perros.

ningún animal se corre,

todos ladran en un punto.

 

Entonces todos los hombres

se alistan para el ataque,

y cercan un espinero

a fin e que no se escape.

Disparan sus escopetas

al aire, para asustarla

uno grita: -¡Por aquí

¡La Tunda ahorita corrió!

Va la gente hacia el lugar

indicado por el hombre,

pero la Tunda, veloz,

se pierde y nadie la encuentra.

Un muchacho, de entre todos,

se interna en un gran brusquero,

donde se cruzan las sombras

en medio de los bejucos.

Abre el monte con las manos,

se corren las lagartijas,

y pregona desde adentro:

-¡Aquí lo ha dejao la Tunda!

 

Entran como un ventarrón,

arrasando la malesa.

allí está Julio Ayoví,

tumbado sobre la tierra,

boca abajo, y atontado.

lo colocan boca arriba,

la Ambrosia lo agarra pronto,

pero el muchacho de nuevo

se vira sobre la tierra.

Como si fuera un salvaje.

 

Quiere correr hacia el monte,

huyendo de sus amigos;

pero todos lo detienen,

y entonces rompe a llorar.

De nuevo se desparraman

los ladridos de los perros,

golpeando incansablemente

las paredes de los cerros.

 

Regresan todos contentos,

la Ambrosia y Julio adelante,

los hombres van sonrientes,

y los perros, acezantes.

Entonces habla el pequeño:

-¡Mamá, si era como usté,

llevaba su mismo traje,

y me llamó por mi nombre,

por eso yo la seguí.

-Comadre, ¿no se lo dije?,

lo interrumpe doña Paula.

¡Esa es la Tunda, la mesma!

 

Que en el anteaño pasao,

se me lo trujo al Cirilo…

-Es la mesma, comadrita,

la pata de molinillo.

-¿Y te dio algo de comer?-,

preguntó la madre al chico.

-Bajó al estero, – le dijo-

Trajo camarones crudos,

los metió bajo la falda

y los sacó preparados.

-Ya ve, comadre, es la Tunda,

la pata de molinillo.

 

Llevando a Julio adelante,

arrebatado a la Tunda,

otra vez vuelve a la aldea

alegre la caravana.

 

Nelson Estupiñán Bass

Duelo de Gigantes

Timarán y Cuabú

Producción Gráfica 2001

LA GUALGURA – Narraciones en Versos Folklore Esmeraldeño NELSON ESTUPIÑAN BASS

TIMARAN

Cuando alguien me solicita

que cante sobre lo nuestro,

le pruebo, sin discusión,

por qué me llaman maestro.

 

LA GUALGURA

Era una noche cerrada,

noche negra, noche obscura,

como todo era negrura

no se veía casi nada.

 […]

 

Por sobre el río y los barrancos

cucuyos y candelillas

Restregaban sus cerillas

haciendo caminos blancos.

La obscuridad, como en zancos,

se encaramaba a lo alto

de los montes, en asalto,

y mientras todo moría

ella sola sonreía

andando de salto en salto.

[…]

 

Camino y oigo clarito

a una: gallina que llama

a sus hijos en la grama,

y oigo también los pollitos

respondiéndoles bajito.

[…]

 

Y me pongo a caminar

esa noche de menguante,

va la gallina adelante

y sin cesar de piar

van los pollitos tras su andar.

Lejos quedan los potreros,

se borran ya los luceros

atravieso cien guandales,

mas los pollos infernales

se pierden por los senderos.

subo cerros, bajo llanos,

parece que ya los cojo,

mas me echan tierra en los ojos,

y se me van de las manos.

¡Malditos! –grito-. ¡Razanos!

Pero siguen avanzando

y yo sigo caminando.

pasamos cañaverales,

peñas, cerros, manantiales,

y ellos se corren piando.

 

Y al cruzar por un potrero

oigo decir: -Anacleta,

pásame acá la escopeta,

parece que anda un cuatrero…

-¡Ey –le grito-, compañero!

¡Cuidado, compadre Juan!

¡Comadre, soy Timarán!

-Compa, ¿en esta noche espesa,

-dice-, sigue usté la presa,

como si fuera un hulán.

Sale el compa a la ventana,

fumando una gran congola,

y el humo hace una bombola

en su cabeza ya cana.

sale su hija, campirana,

que por linda y por lozana

se parece a una mañana,

y me pongo a relatar

como hasta acá vine a dar

desde allá de la bocana.

-Ponga otra vez atención,

compadre, -me dice el viejo.

a usté, que dizque es conejo,

en esta triste ocasión

lo ha engañao la visión.

lo que en esta noche oscura

ha seguido, es la gualgura…

Oigo esto, y casi me asusto,

y tiemblo, como un arbusto

abatido en la llanura.

 

Conversamos un momento

y prosigue cariñoso

el campesino canoso:

-Cualquiera que sea el tiempo,

haya lluvia o hay viento,

sale siempre a la llanura

por la noche, una gualgura,

como buscando un cristiano.

después se va por el llano

derramando su amargura.

-Adelante va la mama,

pían los pollos sin descanso,

y se van por el remanso

de la noche, llama y llama…

salimos a la ventana,

se agita en la noche obscura,

y se pierde en la espesura,

como un ave maldecida

que no topara guarida

que no topara guarida

en esta inmensa llanura.

 

Regreso al rancho, ligero,

y en aquella obscuridad

me entra la curiosidad

de mirar el gallinero.

Me acerco con el mechero,

voy a todas las esquinas,

y observo que las gallinas

paridas, las ponendoras

y hasta las pollas solteras

duermen tranquilas, cual niñas.

Nelson Estupiñán Bass

Duelo de Gigantes

Timarán y Cuabú

Producción Gráfica 2001

Décima de la Zona Norte de Esmeraldas EL PICO DEL ZANCUDO

Informante Tito Livio Estupiñán

Poema recogido por Laura Hidalgo

1/04/1980

Le corté el pico a un zancudo

y formé una carabina

para matar a un chovoso

pue vi volá en Argentina.

 

Yo de Hamburgo le apunté,

me dirigí a Guayaquil,

cuando sonó el cañonazo,

maté un buey en el Madril.

Y yo al instante corrí

a buscarlo a onde cayó,

porque hasta el Brasil se oyó

Los tiros en Patamburgo;

y con una cortapluma

le corté el pico a un zancudo.

 

El zancudo era tan grande,

según lo dice la suma,

que tenía quinientos metros

fuera de cabeza y pluma.

Pero no dentro en las uñas,

ni el pico ni la garganta,

solamente de las patas

yo fabriqué una flotilla.

Le corté el pico a un zancudo

y formé una carabina.

 

Era grande el animal

que parecía un serpientón,

tenía seiscientas libras

fuera de conversación.

De las patas hice un fogón

 y de las uñas un sancho.

De las plumas formé un rancho.

fabriqué un rifle famoso.

Le metí quinientos tiros

 para matar a un chovoso.

 

De los dientes hice balas,

del hueso hice baqueta,

también fabriqué la llave

y el cañón de una escopeta.

Del ojo hice camareta.

Le disparé en Guayaquil,

le oyeron hasta el Brasil,

hice temblar la gran China.

Dijeron: Cayó el chovoso

que vi volá en la Argentina.

Fuente: BCE, 1982

POESÍA LA TUNDA PARA EL NEGRITO

Por Adalberto Ortiz

Esmeraldeño, 1974

 

Pórtate bien, mi morito,

pa que yo te dé café.

Porque si viene la tunda,

la tunda te va a cogé.

 

No te escondás, mi negrito

que ya te voy a buscá,

y si la tunda te encuentra,

la tunda te va entundá.

 

Pa duro te voy criando,

Y no pa flojo ¿sabé?

Y si te agarra la tunda,

la tunda te va a mordé.

 

Cuando llegues a sé hombre

vos tenés que trabajá.

Porque si viene la tunda,

la tunda te va llevá.

 

No quiero que seas un bruto,

sinó que sepas leé.

Que si te coge la tunda,

la tunda te va a comé.

 

Y no te dejés de nadie,

respétame sólo a mí.

Porque ya viene la tunda,

la tunda ya va a vení.

 

Echáte pronto en tu magua,

que no te voy a pegá.

¡Huy! ¡Que ya llega la tunda!

¡La tunda ya va a llegá!

Fuente:

Crespo T. (1991). Baúl de Tesoros. Nueva Antología de Literatura Infantil. Biblioteca Ecuatoriana de la Familia. Casa de la Cultura Ecuatoriana. Quito – Ecuador.

Fotografía, Secretaría del Buen Vivir

Décima de la Zona Norte de la provincia de Esmeraldas “LA CONCHA DE ALMEJA”

Yo me embarqué a navegar

en una concha de almeja,

a rodear el mundo entero

a ver su hallada coteja.

 

Saliendo de Rocafuerte

con rumbo a Buenaventura,

cargamento no embarqué

Porque la mar taba dura.

Pero embarqué quince curas,

un auto para yo andar,

y me entré a Guapi a embarcar

cien tanques de gasolina.

llevaba en popa una niña

cuando salí a navegar.

 

Desde Cristóbal Colón

salí con rumbo a la Europa,

con una tripulación

como de cien mil en popa.

Con viento que a favor sopla

me atravesé Casas Viejas,

y muchas ciudades lejas

las visité en pocos días

navegaba noche y día

en una concha de almeja.

 

Con un grande cargamento

como de cien mil vitrolas,

me atravesé Cabo de Hornos

y no me entraba una ola.

Llevaba quinientas balas,

sobre cubierta un caldero,

cuarenta mil marineros

Y una gran tripulación.

Yo hice la navegación

a rodar el mundo entero.

 

Cuando salí al Mar del Norte

que los náuticos me vieron,

cien vapores se vinieron

que los llevara al remolque.

Cuarenta mil pailibote.

llenos de arroz y lenteja,

todos los pegué a la reja

y puse rumbo a Europa.

y arrimé a Constantinopla

a ver si hallaba coteja.

 

Fuente: BCE, 1982

Informante Tito Livio Estupiñán

Poema recogido por Laura Hidalgo

1/04/1980