¡PATEPALO! CUENTOS DEL PAILÓN TIERRA DE TRADICIONES Y CULTURA

María Belén Requené Hurtado, Escuela 26 de Agosto, San Lorenzo del Pailón Concurso el Cuento del Abuelo: Primer Lugar Casa de la Cultura Núcleo Esmeraldas

Hace mucho tiempo, cuando San Lorenzo era virgen y todos aquí nos conocíamos, se rumoraba que andaba una mula que recorría desde el nadadero, la bomba o vuelta jedionda, el culebrero, las cinco esquinas y la ciudadela, hasta el cementerio.

El Nadadero

Un día Remberto venía bien traguiao y al coger por el culebrero antes de llegar a la tienda de los pichicatos escuchó que bras, bras, un animal comía en el cascarero. Enseguida se acordó que ésa podía ser la mula que estaba espantando a los trasnochadores del pueblo. Se santiguó y cogió el primer palo que encontró y lo descargó con toda la fuerza en el trasero del animal, que salió corriendo despavorido, al tiempo que lo miraba con los ojos prendidos como braza de candela y le decía: ¡dame otro!

Él se acordaba, a una mula debe dársele impares, uno, tres, cinco, siete y así sucesivamente, porque si se le da par, carga con las culpas de esa alma perdida.

Ahí nomás que, a pesar de lo mareao que estaba, pegó la carrera detrás de la mula y le dio dos garrotazos más.

Al otro día fue a ver a la Patepalo, que era una señora que siempre vivía con la cabeza cujandada y la gente decía que ella era la mula.

Apenas lo oyó en la escalera, viró su cara pa’ la pared y se puso bien brava. Entonces Remberto se bajó calladito y comenzó a murmurar bajito: “Ella es la mismísima mula”.

Desde ese día la Patepalo, no volvió a levantarse más de la cama y todo fue enfermedad y enfermedad, queja que queja y no es cuento que su cabeza estaba más hinchada cada día, hasta que ocurrió lo que todos temían. Se murió la Patepalo, Dios la haya perdonao.  Cuentan que cuando estaban en el velorio dizque entraban unos murciélagos grandotes que querían apagar las velas…

¡Jesús, creo en Dios Padre! Decían las personas que estaban rezando. Parecía que los diablos se querían cargar el cuerpo.

Entrada la media noche algunos se fueron pa’ su casa bien asustaos y tuvieron que traer a una jututa rezandera pa’ que aguantara el corrinche.

Cuando llegó la hora de enterrarlo se vino un aguaceral que se podía andá con canoa por las calles.

En el panteón eso era y achiche y achiche y tumba llenando está la ataúd con agua y todo le echaron su tierra y salieron despavoridos pa’ su casa. A los tres días que los familiares fueron a visitar la tumba se encontraron con la novedad que sólo estaba el hueco.

La gente comentaba, llena de miedo, que los diablos se la cargaron a los profundos infiernos, porque le había aceptao una cadena de oro al cura, por eso cuando andaba como mula en los cascareros, dicen que no tocaba el suelo y que se le oía el chilín chilín de la cadena que arrastraba.

Contando, contando se acabó mi cuento, periquito sargento se lo llevó el viento; se metió por un palo hueco y salió por otro y el que me está oyendo que se eche otro cuento que sea mejor.

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Cuento del pueblo Chachi EL TIGRE Y EL CONEJO

De igual modo le invita para otra ocasión al tío conejo, también le acepta esa invitación, el tigre acostumbrado en hacer daño a otra persona le dice lo mismo al conejo, usted olvide llevar lo necesario para el camino, pero el conejo llevó todo los preparativos necesarios.

Cuando llega el día ambos se internan en el bosque, de casualidad tenían que cruzar en un río, el tigre saca su machete, corta un pedazo de madera y cruza el río, luego le quita la madera que le sirvió para cruzar, pensando podía pasar igual que el armadillo, pero este animal más listo que él, saca también su machete y hace lo mismo para cruzar; el tigre se queda triste pero continúa el camino. Cuando se ponen a descansar, el tigre saca el fiambre y come, también el conejo saca la suya y come, así que el conejo nos e quedó sin comer.

 En el camino encontraron un árbol de caimito lleno de frutas, el tigre le pide al conejo que subiera a tumbar pero que comiera los verdes y a él las frutas amarillas, pero el conejo hizo lo contrario, come las frutas amarillas y las verdes le pasa al tigre.

 Faltaba unos pocos metros para llegar a la casa de la comadre zorra, el tigre le dice al conejo señalando el vegetal, que regresara por el vegetal cuando él sufra el dolor del estómago, el conejo como es tan listo lleva a escondidas ese vegetal.

 En la hora de comer, el tigre aparenta sufrir el dolor y le pide al conejo que fuera por el vegetal, este le dice, aquí tengo el vegetal que usted me indicó.

 Nada pudo hacer para satisfacer su instinto personal en contra del conejo por cuanto él es más hábil y dispuesto que el tigre.

Llega la noche, quiso hacer lo mismo como lo hizo al armadillo pero con el conejo se equivocó, el tigre fue ahumado y entregado a sus hijos, también los hijos probaron la carne de su padre pero después se dieron cuenta, por tanto la esposa trata de quitar la vida al conejo pero no pudo hacerlo.

 Un día le persigue y le alcanza justo cuando el conejo entraba en un hueco, pero le suelta creyendo que a la pierna del conejo como una raíz.

 Pata sacar de aquel lugar va en busca de palas, dejando al sapo y al gallinazo como guardianes, pero ellos no pudieron hacer nada para impedir la salida del conejo.

La tigre cava el lugar pero no encontró nada, muy enojada trató de matar a los dos animales, el gallinazo le decía, a mí lánceme arriba y moriré cayendo al suelo, así lo hizo y el gallinazo se va volando, el sapo le decía yo quiero morir ahogado, a mí lánceme en el agua y moriré ahogado, también así lo hizo, el sapo se fue cantando porque es su hábitat natural.

La mujer del tigre muerto vivió algunos años ansiosos de matar al conejo pero nunca ha podido hacerlo.

 

Compilación por Alfredo Pianchiche Triviño

Fuente: Casa de la Cultura Núcleo Esmeraldas, CUENTOS DEL PUEBLO CHACHI.

Fuente de fotografía, Secretaría del Buen Vivir

                                                                                   

Cuento del pueblo Chachi EL CAZADOR AMBICIOSO

Por Alfredo Pianchiche Triviño

Había una vez un cazador chachi que le gustaba matar animales en cantidades, a veces lo botaba cuando él no podía regresar a casa con tanto peso.

 Un día sale a cazar y había matado muchos animales, a su regreso en horas de la tarde se encuentra con una mujer idéntica a una mujer chachi, la cual invita caminar juntos donde sus padres, aquella mujer que aparentaba ser chachi no era chachi verdadera sino una sahína que se había transformado en un ser humano.

 Los padres de la chica reciben alegremente, junto con ellos había permanecido varios días sin recordar su verdadera familia, la esposa muy preocupada se valió de un shamán para recuperar al perdido.

 Cuando llegó la hora de enterrarlo se vino un aguaceral que se podía andá con canoa por las calles.

 Estando una vez en la casa, el hombre cuenta todo lo sucedido y decía lo siguiente: En la tarde, cuando regresaba de casería a casa tuve la sorpresa de encontrar con una mujer aparentemente chachi, quien muy amablemente me invita caminar donde sus padres y lo hice sin objeción alguna, cuando estoy junto con ellos me doy cuenta que no estaba con seres humanos sino con animales salvajes que siempre he estado persiguiendo para matar.

 El padre se sentía muy contento por cuanto deseaba sacar cría con estatura mucho mayor a ellos, que le permitiría atacar a sus enemigos con más facilidades, caminábamos de un lugar a otro, me hacía difícil caminar en medio de espinas, el jefe prometía entregar un zapato, esto estaba por suceder cuando ya estoy nuevamente con ustedes.

 Así relata el hombre cazador a sus familiares y promete no matar animales sin mayores necesidades ni mucho menos dejar animales muertos en la selva.

Fuente: Casa de la Cultura Núcleo Esmeraldas, CUENTOS DEL PUEBLO CHACHI.

Fotografía: Secretaría del Buen Vivir