Referentes históricos de la carretera Ibarra-San Lorenzo desde tiempos de la Real Audiencia de Quito

Por MSc. Juan Arroyo

La provincia de Esmeraldas en la época colonial se mantuvo aislada por algún tiempo, ya que no contaba con vías seguras, y habitaban las tribus Niguas, Lachis, Campaces, Tórtolas, Malabas y Cayapas, consideradas como poblaciones de indios bravos e indomables por los españoles. No obstante, los ibéricos, conocedores de las riquezas de estas tierras y su importancia para el desarrollo de la región, se proponen abrir un camino al mar, para convertirlo en la puerta comercial e industrial de la Real Audiencia de Quito al Océano Pacífico, permitiendo así, un intercambio económico más rápido y barato con el istmo de Panamá.

Nevárez(2006), en su obra “Camino a la Mar del Sur”sostiene que las rutas escogidas fueron básicamente dos, y una de ellas corresponde a la que parte de Ibarra, Otavalopunto de llegada en la desembocadura del río Santiago – sea en la Tola o Limones – o en la Bahía de Ancón de Sardinas o, Tulcán, con y alguna vez desviado hasta Tumaco que pertenecía entonces a nuestro país, comúnmente llamado camino de Malbucho por ser ésta una localización intermedia de su recorrido. Jugaría luego papel preponderante como  escondite de nuestros próceres de la libertad y a la que finalmente dotaría de puerto libre el Libertador de cinco naciones (p.21).

En el año de 1597, llega a Quito desde España en calidad de Oidor de la Audiencia, el Dr. Juan del Barrio Sepúlveda, trayendo la orden de hacer fundaciones en el Norte y abrir caminos (Guzmán citado por Nevárez, p.96).Sepúlveda escribió el 3 de marzo una carta al rey hablándole de la conquista de los Cayapas. De esta manera, concertado con González de Sáa, envía a éste desde Quito a Esmeraldas el día 20 de octubre de 1 598, para explorar la región desde Lita a San Lorenzo. Penetró por Lita, en donde tomó 100 indios para la expedición, y luego de 4 días de camino llegó al nuevo pueblo de Espíritu Santo de Cayapas, en donde se encontró con el mercedario fray Gaspar de Torres. Continuó su viaje en compañía del misionero, de los caciques y principales de Cayapas y de 300 indígenas(Grijalva, citado por Nevárez p.99).Este mismo autor detalla que durante este viaje los expedicionarios tuvieron que atravesar un río por un puente de bejuco que tenía más de 60 varas de largo, durmieron varias veces en las orillas de los ríos y caminaron por el Pumbi  por dentro del agua cosa de 3 leguas, hasta que después de varios días pudieron navegarlo empleando 46 balsas en que se embarcaron 209 indígenas, y se regresaron todos los demás. Así caminaron los viajes hasta llegar a la desembocadura del Santiago, en Ancón de Sardinas, de donde regresaron practicando sondajes en aquel río.

González de Sáa, en su segunda expedición en 1599, realiza el trazado del camino desde la ciudad de Quito ahora por un nuevo derrotero(Guzmán citado por Nevárez p.99). Pensó penetrar por Tulcán; Allí se le unieron el cacique García Tulcanaza con 100 indios subordinados, y el mercedario Fray Jerónimo de Aguilar, párroco de la localidad.Señaló la necesidad primordial de fundar dos ciudades para la sostenibilidad del camino: la una en el valle de Caranqui y la otra en la desembocadura del Santiago. En efecto, pocos años después, se fundaría Ibarra y Santiago de Montesclaros en el Ancón de Sardinas a finales de 1610 (Grijalva, citado por Nevárez p.100).Sáa, concibió la idea de abrir un camino más breve de Quito a Panamá, que al principio apoyó el Oidor del Barrio y después el presidente Miguel de Ibarra. Para ello escribió un memorial acerca de las conveniencia de que se abriese el camino a la Mar del Sur por esta provincia, porque “es tierra apacible y rica y donde hay indios de guerra y paz y se podrían poblar una o dos ciudades(Descalzi citado por Nevárez p.101).

El primer gobernante  en poner la voluntad entera y su más grande entusiasmo en llevar a ejecución la obra de abrir al mar Pacífico un camino más corto y expedito, que pusiera en comunicación la capital del reino con Panamá fue don Miguel de Ibarra, el Sexto Presidente de la Real Audiencia y fundador de la villa de San Miguel de Ibarra. Suárez (1893), menciona que aún no había pasado todavía ni un año completo desde la fundación de Ibarra, cuando ya, en Marzo de 1607, Don Cristóbal de Troya salió para inspeccionar la provincia y tramontó la cordillera occidental, observando por dónde  podría abrirse el camino para el mar, porque la apertura de ese camino fue, ahora dos siglos y medio, el objeto de los anhelos y de las ilusiones de los primeros pobladores de Ibarra […] (p.18).

Troya, en la hoya del río Santiago, con personas entendidas hizo practicar sondajes tanto en la desembocadura del río, como en las ensenadas y bahías de la costa, y determinó fundar un puerto próximo al Ancón de Sardinas. El 3 de mayo  escribe su detallado diario de viaje, desde la población de Lachas. Llevaba muestras de oro, plata y brea. Y mejor aún, la buena noticia de una ruta directa y corta hasta el mar en una tierra fértil, llena de madera finas, de clima sano y sin mosquitos o sabandijas, poblada con alrededor de 2 000 indios a cristianizar. Con fecha 8 de Mayo de 1 607, el Presidente Ibarra remite al rey de España el mencionado informe de Cristóbal de Troya (Nevárez,  p. 125). Troya en su informeexplica que inició la línea Oeste, pero lejos de seguir la hoya del Guaillabamba aceptó la desviación de la ruta del Noroeste, hasta llegar a la bahía de Ancón de Sardinas, a base de la información encomendada a Hernán González de Sáa, de cuya expedición trae importantes datos el P. Monroy (Tobar, p.183).

Por Cédula Real fechada en Madrid el 15 de diciembre de 1607, se ordena al Marqués de Montesclaros para que continúe Quito proveyendo a Panamá de las provisiones de guerra y bastimento por este camino (Rueda, citado por Nevárez p.126). En efecto, con carta de 15 de abril de 1 608, Ibarra le informa que ya está abierto el camino y estaban entrando y saliendo caballos cargados, que espera tenerlo a la brevedad con 2 pueblos de españoles. Y que por esta razón espera también explotar otras salinas más provechosas en la boca del Santiago y menos costosas que las de la Puná.El buen Presidente Ibarra cayó en cama al día siguiente y fue la última carta que redactó de su mano, ante su rápido fallecimiento del 29 de abril (Costales, citado por Nevárez p.127).

 Si bien, la muerte del Presidente Ibarra constituyó momentos difíciles para la continuidad del proyecto de salida al mar por la ruta del Mira, los esfuerzos siguieron. (Tobar 1985) El segundo Corregidor de Ibarra, Miguel Arias de Ugarte, inició la conquista de Esmeraldas en 1610, con una campaña de soldados y toda clase de auxilios, encargándose del camino Jerónimo Jurado. El Cabildo apoyó eficazmente esa expedición renovando uno de sus miembros, de cuando en cuando, con nuevos refuerzos. Años después otorgó poder al Rector de los Jesuitas de Quito, en viaje a Lima, para obtener del Virrey  la atención que merecía tan magna empresa (p.183, 184).

En 1611, asentado ya en las selvas con algunos civiles, soldados y el sacerdote mercedario Fray Pedro Romero, Arias de Ugarte funda el pueblo de Santiago de Montesclaros, en honor del Virrey del Perú y por encontrarse a orillas del río Santiago(Nevárez p.130). Este pueblo según Suárez(1893)duró muy poco, porque se alzaron los indios, dieron de súbito en la población y mataron a cuantos españoles pudieron sorprender; otros huyeron heridos y, entre ellos, el Padre mercedario Fray Pedro Romero, con cinco heridas, a consecuencia de las cuales  falleció poco después (p.32).

Hemos encontrado en Phelan:… “Concepción (en aquel tiempo llamada San Ignacio de Montesclaros) donde se juntan los ríos Santiago y Bogotá”. Restaría por determinar si se trata de un simple error de nombre (Ignacio) por parte de este último autor, de un error de ubicación geográfica (Concepción), o si se la llamó con ambos nombres (Santiago y/o Ignacio). Personalmente creemos que hay trilogía de errores, ya que si bien es cierto existe diferencia de criterios sobre dónde fue asentada esta ciudad en homenaje al Virrey Montesclaros, la mayor parte de los historiadores más prolijos la coloca en San Lorenzo, puerto que maravilla desde afuera del mar a los navegantes. Se llamaría simplemente Santiago de Montesclaros por la identificación con el río de sus orillas (Nevárez p.132).

 Respeto del éxito de la empresa por la Zona Norte, Pinto Guzmáncitado por Nevárez, narra: el Capitán Pablo Durango Delgadillo, teniente general de Corregidor de Otavalo, en 1611 fue designado fundador y primer Gobernador y Capitán General de la ciudad de Montesclaros, ordenada por el Virrey Marqués de este nombre. Ahora se sabe con certeza que lo que realizó fue una segunda fundación.La jurisdicción de esta gobernación se componía de las provincias de Lachas y Cayapas, pertenecientes al Corregimiento de Otavalo(p.135).

Nevárez alude a Caravantes, citado textualmente por el padre Cappa que dice: “Tomó asiento el Marqués de Montesclaros con Pablo Durango Delgadillo para poblar desde Ancón de Sardinas hasta San Miguel de Ibarra, que es en la provincia de Esmeraldas, y así, ordenó el virrey al Dr. Juan Fernández de Recalde, Presidente de Quito, se abriese camino desde aquella ciudad al puerto de Ancón de Sardinas, en la mar del Sur, por viaje más breve para Panamá que el que se camina desde Guayaquil, y por donde los vecinos de Quito y su comarca pudiesen llevar sus cosechas para la provisión del reino de Tierrafirme” (p.136).  El asunto queda definido. La ciudad de Montesclaros estuvo ubicada en el actual puerto de San Lorenzo y su primer fundador fue Miguel Arias de Ugarte, en el intento anterior. Durango  Delgadillo realizó y llevó a feliz término los 2 caminos y re-fundó Montesclaros y San Mateo. (Nevárez 2006, p. 136, 137).

En 1618, el Capitán Pablo Durango Delgadillo, pone a funcionar nuevamente el camino del Santiago, sin embargo en 1619, los indios malabas se sublevan, quemaron las poblaciones, deshicieron los puentes y mataron a todos los españoles que había.Ibarra tuvo que hacer repetidas levas de soldados, bajo severas órdenes, para defender a Lachas, reparar los puentes quemados, resguardar la espalda de Durango Delgadillo; y esto en tiempos en que se sentía la escasez de brazos aun para reparar los edificios de la villa. (Villalba citado por Nevárez p.153).Pese a que la gran rebelión de los indígenas, fue sofocada con la extinción de sus parcialidades, el retorno de los colonos fue inexorable. De esta forma se vino a poblar  mayoritariamente la villa de Ibarra y en 1623 ya fue Corregimiento propio, separándola del de Otavalo, pero la buena obra del camino desapareció pronto por el abandono (Nevárez p.154). 

En el año de 1635, los ibarreños se proponen re-edificar el camino Ibarra – San Lorenzo, como también el puerto de Montesclaros.El 28 de febrero, ante el Corregidor Francisco Enríquez de Sanquessa y el Escribano Público Pedro Mexía de Aguilar, comparecen: el Alguacil Mayor Francisco de Cevallos, el Depositario General Jacinto Gómez Bedón, el Alcalde de la Santa Hermandad Juan González Marchena, el mercader Diego de Rivera, los vecinos Joan de Rivera, Tomás de Sánchez de Alba y Francisco Rodríguez, comprometiéndose a entrar “… y en la parte más cómoda y fortalecida que se hallare en él poblarán y sitiarán con sus casas y familias, edificándola de manera que perpetuamente permanezcan y se traxine el camino desde el dicho puerto a esta villa…”. Ofrece cada uno por 2 000 pesos de a ocho reales para los gastos.También hacen este compromiso a nombre del Regidor y Capitán Sebastián Hernández de Vergara, ausente en la ciudad de Quito; y del mercader Cristóbal López, que reside en ella; y de Diego Montenegro; “por quienes prestan voz y caución”.(Garcés citado Nevárez, p. 196).

El Cabildo de Ibarra no cejaba en su empeño y en 1656 nombró delegados que inspeccionaran el camino, por orden de la Real Audiencia, para resolver sobre la solicitud de reparación. Y en 1669 obtuvo real provisión de que construya por Malbucho. (Tobar 1985, p. 186).

En 1736, Pedro Vicente Maldonado inicia la compleja tarea del camino, la colonización y gobierno de una provincia de escasa y dispersa población. Debe ser muy poco tiempo de su regreso a la zona cuando, hallándose en los avatares propios del encargo, el 10 de marzo del mismo año arriban a Manta los afamados integrantes de la Misión Geodésica Francesa, Godín, La Condamine y Bouguer, encargados de medir un arco del meridiano terrestre para determinar la verdadera forma de la tierra. En las tierras del litoral del Pacífico, Maldonado se dio tiempo para recorrer el camino de Malbucho y fundar los pueblos de la Tola, Palma Real y Limones, a fin de incorporar posteriormente también esta vía a la actividad bienhechora del país (Nevárez, p.247, 251).En 1741 Maldonado es nombrado gobernador de la provincia de Esmeraldas por el Rey de España.

Según Monseñor Haro Alvear, citado por Nevárez, su derrotero del camino del norte fue el mismo que utilizó Carondelet y luego apoyó Bolívar, más adelante utilizado por García Moreno y Alfaro, hasta llegar a la actual Ibarra – San Lorenzo, con la excepción  claro está – del punto terminal de la ruta. En todo caso, de la ruta Quito – San Mateo si se puede decirse esto ya que todos los intentos posteriores llevaron a su sello.(p. 255).

1750, José Arboleda Salazar descubre la variante más utilizada posteriormente para el camino de Malbucho. De esta manera Monseñor Silvio Luis Haro Alvear especifica que sería por la región de Buenos Aires, sobre el pueblo antiguo de Lita, situado en la margen norte derecha del río Lita, según el Presbítero José Quiroz, párroco de Cahuasqui y Buenos Aires, a 30 km de la actual población de  Buenos Aires.Luego se remonta a Alto Tambo, un fácil camino de montaña, a 25 km latitud sur del moderno Lita. Desde Alto Tambo se deja el río Mira para bajar por el Cachaví y tomar canoa en la Herradura para salir al Bogotá, luego al río Santiago y al pueblo de Concepción en la provincia de Esmeraldas. En las márgenes del Santiago están los ricos lavaderos de oro de Playa de Oro, Angostura y Playa Rica, placeres formados por desprendimientos de cerro aurífero de Toizán. La meseta Toizán-Alto Tambo es el límite natural de las provincias de Esmeraldas e Imbabura.El pueblo de Malbucho, en esta época, sería el término del descensodel camino cordillerano de montaña cuyo nombre deriva de los malos espíritus que se crían moraban en la región. Sería probablemente un pueblo antiguo ancestro aborigen (Nevárez p. 303, 304).

En 1799, Luis Héctor Barón de Carondelet ha sido nombrado vigésimo noveno Presidente de la Real Audiencia de Quito, y una de las primeras gestiones fue el mandato al Corregidor de Otavalo de que hiciera una indagación, con indicación precisa de los obstáculos que existen para la apertura del camino, y los medios para poder vencerlos.A fines de año recibió una Real Cédula por la que se le facultaba comenzar la obra del camino a Malbucho, señalando algunos auxilios para el trabajo. Al mismo Antonio Melo le encargó la exploración del camino a Puerto Limones, pero en estas exploraciones y gestiones ante la Corte de Madrid las autorizaciones necesarias transcurrieron más de un año (Larrea citado por Nevárez, p.326).

Carondelet se preocupó también de la provisión de sacerdotes para atender la vida espiritual de colonos y trabajadores. Para el curato de Malbucho fue nombrado fray Ignacio Bosano, a quién hizo entrega de inventario de los ornamentos comprados y de los que prestaba la Catedral de Quito.  370,371 bing.Luego de ser pueblos abandonados, el 5 de agosto quedó asentado el pueblo de Malbucho. Los de Lachas, Puntal., La Tola y Limones, para esta fecha ya estaban en ruinas y despoblados. Carondelet logró restaurar y repoblar estos 2 últimos (Nevárez, p. 371).

Una nueva población se erigió en Malbucho y La Tola, a orillas del río Bogotá, afluente del Santiago, en homenaje al Presidente de la Real Audiencia: el pueblo de San Luis de Carondelet fue fundado el 16 de Noviembre de 1803, destinado a ser el embarcadero fluvial del nuevo camino. Dice Fiehrer citado por Nevárez que Carondelet remitió útiles escolares y un maestro al pueblo bautizado con su nombre. Una simpática leyenda de aquella población recuerda los baños tomados por su esposa María Castaños Aragorri –hermana del famoso General Castaños vencedor de los ejércitos napoleónicos comandados por Dupont en la batalla de Bailén, en la que también participó Carlos Montúfar- en la laguna de la Baronesa. Es muy noble la actitud agradecida de los norteños esmeraldeños al perpetuar el nombre de tan esforzado ejecutivo (p. 372).

Con gran actividad se levantaron en Carondelet los edificios necesarios para la administración, casa para la aduana y el correo, bodegas de las mercaderías en el embarcadero que progresaba rápidamente, como se desprende de la felicitación dirigida por el Presidente a José de Betancourt, quien iba a establecer en el nuevo poblado una fábrica de sombreros; y por los informes de Mariano Yépez relativo al cumplimiento de sus órdenes para la construcción de la iglesia, casa para la escuela, ampliación de bodegas. El comerciante Betancourt contribuyó para la apertura del camino y es quien, más adelante, se queja con oficio dirigido al Presidente por los malos tratos que da el cura del pueblo de Carondelet a los indios –ojo, “el espontáneo” que nos ha acompañado durante este largo trecho, ¿sería un quinta columna?- y que si no acepta las advertencias que le ha hecho para que se enmiende, va a causar la ruina de la naciente población (Nevárez, p. 372).

Carondelet ocupó a Caldas en estudiar y trazar  el camino llamado de Malbucho, que debía poner en comunicación los pueblos de la provincia de Esmeraldas con los de Imbabura, dándole salida al Pacífico; Caldas recorrió toda la hoya del Chota, desde la ciudad de Ibarra hasta el río Lita, inspeccionó luego los valles de Esmeraldas y delineó prolijamente el plano del camino, señalando, con toda exactitud, las distancias de los lugares y la altura a que cada punto se encontraba sobre el nivel del mar. Los planos de Caldas y sus consejos sirvieron para trabajar el camino (Suárez, 1892, p. 100).

En su recorrido, Caldas pone las latitudes y longitudes de 22 lugares comprendidos entre Ibarra y la bahía de San Lorenzo, y la distancia total del camino en 256 555 castellanas, que hacen 51, 3 leguas. 379 bing. Su plano marca la ruta Ibarra – Salinas – Lita-el Pailón, de la cual se sirvieron, más de un siglo después, los ingenieros civiles nacionales para el trazado de la línea férrea de 200 kilómetros entre Ibarra y San Lorenzo. (Ubidia citado por Nevárez, p.379)

El 21 de enero de 1804, Carondelet dirigió una circular a los curas de Tulcán, Tusa, Guaca, Pimampiro, Puntal, Mira, Salinas y San Antonio de Caranqui, pidiéndoles que exhortaran a los indios feligreses de sus jurisdicciones a que fueran a trabajar en la terminación y mantenimiento del camino, haciéndoles ver que esta obra redundaría en su propio provecho y que era de interés para todo el país. Pimampiro envió 100 peones, Otavalo mandaba 25 obreros cada semana, 120 el valle de Salinas, Puntal y Tulcán otro número considerable, y así otros corregimientos. (Nevárez, p. 383).

Hernández Bello informaba que el pueblo de Malbucho se había formado con 12 familias de indios que se hallaban en el mismo poblado, los cuales, agregados a los dispersos de Lachas y Malbucho, llegarán a 60. A éstos se han de unir las 71 piezas de esclavos próximos a llegar, comprados de cuenta de la Real Hacienda para el dicho establecimiento (Larrea citado por Nevárez, p.383).

Carondelet ordenaba la contratación de recuas que llegaron hasta contar 100 acémilas que bajaban con mercaderías de la Sierra para embarcarse en Carondelet, el nuevo puerto fluvial más activo. Plantíos de tabaco prometían abundante cosecha y ya comenzaba a exportarse este artículo en considerables cantidades. Rumazo mencionado por Nevárez dice que Carondelet contrató mano de obra esclava para la construcción del camino (p.385).

Desde Madrid, el 18 de febrero, el Conde de Casa Valencia expone el criterio solicitado por Miguel Cayetano Soler:“Igualmente hace presente que para trabajar en la referida apertura el camino arbitró comprar 52  negros, que según consta costaron con su conducción y manutención 12 653 pesos 6 reales, los mismos que habiéndose sacado al insinuado fondo de los 4 mil pesos dice deben reintegrársele para con ello costear un puente y el resto de las obras del camino” (Nevárez, p. 393. 394).

Con carta 6 de diciembre de 1805 Carondelet da cuenta de haberse concluido el camino de Malbucho, manifestando que “se ha ejecutado esta útil empresa en términos de que para perfeccionarla no resta más que ensanchar y empalizar dos leguas de un terreno llano y sumamente fangoso, para cuya obra se necesitan 4 mil pesos”, suma que estaría garantizada con las 12 piezas de esclavos que aún quedan –los demás fueron vendidos- y se hallan en Licta para cuidar el puente y a sembrar para proveer de víveres a los viajantes, más las 100 mulas. Informa además, que el Santiago tiene 3 entradas: la de San Fernando de la Tola para embarcaciones menores; y las de Limones y San Pedro – léase San Lorenzo- para las mayores (Nevárez, p. 396, 397)

Tres obras públicas ocuparon de preferencia la atención de Carondelet; la policía y orden interno de la ciudad; la conclusión de la catedral de Quito y la apertura del camino, que había de poner en comunicación la ciudad de Ibarra con el puerto de San Lorenzo en la bahía del Pailón (Suárez, 1982,  p.99).

El 10 de Agosto de 1807, muere el Barón, es felicitado en 1808 en la corte de Madrid, por haber llevado a cabo la gran obra del camino de Malbucho, no alcanzó a disfrutarlo (Nevárez, p. 399).

Por otra parte, luego de participar en los sucesos  del 10 de Agosto de 1809 y en los ocurridos también en 1812, cuando los realistas retoman el poder, algunos de los patriotas que se salvaron de la masacre huyeron a Esmeraldas por el camino de Malbucho (Nevárez, p. 413): El Comisionado Regio, Coronel Carlos Montúfar, acompañado de muchos quiteños, entre los cuales se hallaba el Coronel Ramón Chiriboga, Vicente Aguirre, Carlos Rea, se encaminó a la hacienda de Cuájara llevándose 2 cañones y algunos soldados (Monge citado por Nevárez, p. 413 ). Ramón Chiriboga y Villavicencio –riobambeño, de larga y connotada familia patriota por su ascendiente materno- entró en 1813 en las minas de Playa de Oro y de Guembí, comandando 20 serranos y 200 negros para requisar ganado (Boletín del ANH citado por Nevárez, p.413). También los esposos Coronel Nicolás de la Peña –nieto del sabio Maldonado- y Rosa Zárate huyeron por Malbucho hacia el río Telembí, esperando torcer hacia Barbacoas Seguramente para burlar las pesquisas del Brigadier Sámano, enviado por Montes para dominar toda la zona. Fueron denunciados por un esclavo de las minas de Güimbi llamado Cornelio y capturados casi a punto de conseguir su cometido, ya en el río Telembí, por otras partidas enviadas desde Panamá por el Virrey Pérez Brito, que operaba coordinadamente con Toribio Montes. Fueron fusilados y decapitados en Tumaco (Monge citado por Nevárez, p. 414).

Constituido el Ecuador en República, es de justicia anotar que Rocafuerte supo reconocer la importancia del camino del Pailón, pues en su mensaje al Congreso de 1837 dice que el Coronel Zubiría llegó al famoso puerto por la vía de Malbucho, en viaje de  inspección y en 1839 afirma que del reconocimiento que se ha hecho resulta ser “el mejor que se conoce en el mar Pacífico y contribuirá a la prosperidad de la República”; por lo cual el Congreso de ese año habilitó el puerto de San Lorenzo en la bahía del Pailón y concedió derechos a la Compañía Ecuatoriana para la apertura del camino. Y es de transcribir la siguiente nota de la Historia del Ecuador por J.L.R.: “Entre las empresas de esa naturaleza volvió a tratarse en 1846 de la ansiada comunicación del Norte con Esmeraldas, cuyos trabajos habían quedado abandonados desde tiempos de Colombia. La opinión general acogió con entusiasmo ese proyecto de vital importancia, pero según observa “El Ecuatoriano” N° 30, prevaleció el comercio de Guayaquil, que se creyó perjudicado en sus intereses. En consecuencia volvió a cerrarse como el de Maldonado el camino de Carondelet, ya por cuarta o quinta vez, condenando tan ricas comarcas a un aislamiento irracional y a un lamentable atraso”.  (Tobar, p. 201)

Los trabajos de la carretera Ibarra – San Lorenzo fueron retomados por algunos presidentes, entre ellos García Moreno, José María Urbina y Eloy Alfaro; sin embargo en el Gobierno de Rodríguez Lara, en el año de  1974 el coronel ingeniero Jorge García Negrete, representante por el Ecuador, y el coronel ingeniero Aldobrando Flores Martins por el Brasil, admiten y aprueban en nombre de sus respectivos países la línea por donde deberá construirse esta vía.

En 1979 se inició nuevo intento, mediante estudios topográficos en dos frentes. Un equipo de ingenieros trazaba la ruta desde San Lorenzo, en los tramos que correspondían a la sabana y a la montaña. Contaba con el patriotismo del primer consejo municipal de San Lorenzo del Pailón, cantón creado por decreto del Consejo Supremo de Gobierno el  22 de marzo de 1978, con la asignación anual de 2 millones de sucres del Fondo Nacional de Participaciones y los incrementos futuros que dispusiere el Ministerio de Finanzas. El otro frente vial avanza en sentido contrario, desde el Parque Industrial de Ibarra(Alvear citado por Nevárez, p. 451).

La carretera, iniciada en 1606, finalmente se construyó de manera estable y definitiva, en la década de 1990 en el gobierno de Sixto Durán Ballén. Una verdadera novela, como lo habíamos anticipado. Pasa por Salinas, San Juan de Lachas y Lita. Es decir, por los mismos lugares que nos resultan tan familiares luego este periplo histórico que hemos realizado (Nevárez, p. 412). Cabe resaltar que esta célebre obra, luego fue inaugurada en el 2002 en la gestión de la Presidencia Gustavo Noboa.

Un camino de historias y aventuras es la carretera Ibarra – San Lorenzo, con un papel protagónico para su construcción de indígenas, españoles, negros, zambos, mulatos, criollos, curas, militares, escribanos y autoridades de gobierno. Expediciones desde tiempos coloniales hechas con constancia e interés de abrir un camino de salida al mar, para cristalizar sueños de desarrollo comercial en la región. La carretera es un proyecto hecho realidad, pero los sueños de desarrollo comercial en la actualidad, no se cristalizan todavía en beneficio de los pueblos de la Zona Norte  del Ecuador, una deuda pendiente para los Gobiernos de turno.

BIBLIOGRAFÍA

 NevárezB. (2006)  “El Camino a la Mar del Sur” Cuatro Siglos de Patriotismo Frustrado.Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión Núcleo de Esmeraldas.

 Suárez G. (1893) “Historia General de la República del Ecuador N°53”. Publicaciones Educativas Ariel. Quito – Guayaquil.

 Suárez G. (1892) “Historia General de la República del Ecuador N°67”. Publicaciones Educativas Ariel. Quito – Guayaquil.

 

Tobar C. (1985) “Monografía de Ibarra”. Municipio de San Miguel de Ibarra. Centro de Ediciones Culturales de Imbabura. Ibarra.

Orígenes de los Primeros Contingentes Negros en la Zona del Pailón

Por MSc. Juan J. Arroyo C.

En tiempos de la Colonia, siglo XVI, los españoles explotaban los recursos naturales del Nuevo Continente, y la mano de obra indígena ya no era suficiente, por cuanto empezaron a tener problemas de salud, debido a que trabajaban en condiciones inhumanas y no rendían lo esperado, de modo que fue necesario la traída de contingentes de esclavos negros, para mejorar la producción minera, junto con actividades complementarias de transporte, servicios domésticos en haciendas, entre otras tareas.

Whitten (1992), cita a Friedemann  quien manifiesta que el contrabando de esclavos era llevado a cabo por los portugueses, holandeses, franceses e ingleses, quienes abastecían a los españoles con contingentes negros, originarios de Guinea Ecuatorial, Región del Río Senegal, Angola, Nigeria, Congo, Sudán, Costa de Oro y el Golfo de Benin o Costa de los Esclavos, obtenidos mediante la caza directa, la violencia y el fraude, para luego ser vendidos a diferentes precios de acuerdo al origen, sexo, edad, condiciones físicas y oficio(p.42).

El comercio de esclavos era una de las actividades más demandadas y lucrativas de la época. La Real Audiencia de Quito, El Virreinato del Perú, La Capitanía General de Venezuela, recibían contingentes negros ingresados por el principal puerto del Virreinato de Nueva Granada “Cartagena de Indias”. Whitten (1992) al respeto menciona: Los esclavos traídos del África eran desembarcados en Cartagena en condición deplorable, desnudos o semidesnudos, y portando una gran cantidad de enfermedades contagiosas […]. Tan pronto llegaban eran medidos, marcados y reducidos de seres humanos a la condición de “piezas de indias” (p.48).

El transporte de los esclavos por vía marítima […], la circulación de los buques negreros daba muestras de una organización financiera que se había preparado cuidadosamente en Europa. Permisos, entre ellos el famoso «asiento» o cosa convenida, contratos, monopolios de Estado, etc. reglamentaban el transporte de los esclavos y con este fin se había establecido en Sevilla una Casa de Contratación. Alemanes, españoles, portugueses, italianos, ingleses, franceses, daneses y otros fletaban barcos que llegaban a las costas de África cargados de productos de trueque e intercambiaban su carga por un cargamento humano […] (Unesco, 2001, p.49).

 En los primeros años de la conquista los negros esclavos introducidos por Cartagena procedían de Guinea y Cabo Verde, pero los enclaves de las costas africanas que proveyeron de esclavos durante toda la trata se extendían desde las costas de Senegambia hasta las de Angola. Entre 1550-1640, cuando la trata estuvo en manos de los portugueses, las tres cuartas partes de los esclavos fueron sacados de Guinea y de Angola. Al intervenir en el tráfico otras potencias europeas se introdujeron cambios en los lugares de procedencia. […]. El esfuerzo por descifrar este cúmulo de denominaciones ha dado resultados positivos en trabajos realizados por Curtin y Aguirre Beltrán y para la Nueva Granada por Germán Colmenares […], ha logrado establecer para algunos períodos el origen africano de los esclavos vendidos en Cartagena. Así, para los años 1705-1748 ha encontrado las siguientes regiones y grupos: SENEGAMBIA — Mandingas, Babara. Costa de LA PIMIENTA — Cetres, Canga. Costa del ORO — Minas, Caramanti. Golfo de BENIN — Ararás, Fon Lucumies, Popo, Aya, Camba, Cotocolí. Golfo de BIAFRA — Carabali, Ibo, Bibi. AFRICA CENTRAL — Congos, Luangos. Para este período, Costa del Oro y el Golfo de Benin proporcionaron más de la mitad de los esclavos. A partir de 1730 el Golfo de Fhafra y Africa Central comenzaron a desplazar esta fuente de aprovisionamiento. El mayor número de esclavos en este período era «minas», procedentes de la fortaleza de Elmina, levantada por los portugueses frente a la costa del Oro. Le siguieron en importancia los «araras», designación genérica para los embarcados en el golfo de Benin. Otras – denominaciones son los «fon», probablemente del sur de Dahomey; los «lucumies», de habla yornba del delta del Níger; los «carabalies», que podían proceder del puerto de Kalabari y serían grupos «Ibo» o «Ijo» o del viejo Calabar y se trataría de grupos «Efik» o «Ibi bio»; los «congos», muy numerosos en Cartagena procedentes de pueblos de habla flantú; los «mandinga», nombre con que se designaba a los procedentes de la región entre Gambia, norte de Gahana y Alto Volta. Otras muchas denominaciones como los angalo, mozambique, etc., aparecen también entre los esclavos vendidos en el puerto de Cartagena durante esos años (Gutiérrez,  s/f., p.193).

 Por otro lado, González(1893),relata que en el siglo XVI, las tierras esmeraldeñas estuvieron muy pobladas; había varias tribus de indígenas, entre las cuales se distinguían las de los Niguas, Lachis, Campaces, Malabas y Cayapas, con idiomas propios. Vivían también varios negros, quienes  eran náufragos que salvaron de un barco, que escolló en las costas de Esmeraldas, y ganaron tierra a nado; internándose después en el país, vinieron a ser los señores de toda la comarca. El principal de estos negros era Alonso Illesca, el cual había vivido en Sevilla y hablaba muy bien el castellano (p.20).

En el siglo XVII, grupos de esclavos negros, conocidos como cimarrones, huyen de las minas de Barbacoa en Nueva Granada, cruzan la frontera, sobreponiéndose a los peligros de la naturaleza y las inclemencias del tiempo, en busca de libertad. Los negros se expandieron por toda la costa Norte del Ecuador, y encontraron en la zona del Pailón, uno de los escenarios ideales para la subsistencia, clima caluroso, manglares y bosques similares a los de sus propios países de donde fueron raptados.Al respecto se sostiene que “Los negros importados para trabajar las minas de la zona de los Barbacoas de Colombia a mediados del siglo XVII son los primeros cuya presencia cerca del norte de Esmeraldas está verdaderamente documentada”  (West, citado por Whitten, 1992, p.42).

Maldonado recorrió una ruta para el camino de Ibarra a Limones, remontando las cabeceras del río San Miguel hasta encontrar una buena vía para subir al centro de Yanaurco, cerca de Otavalo. Entre las motivaciones para emprender dicha obra se encuentra la posibilidad de control de un recurso recién descubierto, el oro del río Santiago, lo que suponía el establecimiento de distritos mineros que podían ser abastecidos con los productos de Ibarra, al tiempo que mantenían habilitada la nueva vía. El contrato de construcción de este camino estuvo a cargo de los mulatos Francisco y Santiago Rosero, vecinos de Palma Real, quienes trabajaron el camino desde Alto Tambo  hasta el río Turubí donde se pensaba establecer el embarcadero, bodegas y casas de viviendas. Con la nueva vía, mineros de Tumaco, Popayán y Barbacoas solicitaron a Maldonado, en su calidad de Gobernador, la adjudicación de tierras realengas para iniciar el entable de las minas, así como el permiso para introducir ganado para la manutención de las cuadrillas de negros que se pensaba trasladar. Estancio Amaral, natural de Barbacoas, propuso como sitios para edificar sus minas aquellos que se encontraban entre Lachas y Malbucho. La documentación certifica la presencia, a partir de 1738, de asentamientos mineros en las márgenes del Santiago, Bogotá, Cachaví, Guembí y Zapallo, cuadrillas que oscilan entre 19 y 55 negros esclavos. También trabajaron los Cayapas, pues la carta enviada por el cacique Gerónimo Udapa al Protector General refiere los malos tratos que les dan españoles, negros y mulatos, así como de la población que se ha reunido  por parte de Maldonado para establecer el puerto denominado Palma Real, donde ellos hacen e servicio de centinelas(Nevárez, 2006, p. 266).

En 1805, “El Presidente de la Audiencia de Quito […] manifiesta que a consecuencia de la Real orden de 28 de Diciembre de 1801, por la cual se mandaron entregar 4 mil pesos para la apertura y establecimiento del camino de Santiago al sur y puerto de la Tola, hizo formar el correspondiente itinerario, levantar la carta geográfica del terreno y después se formalizaron las tres poblaciones de San Francisco de Carondelet, Malbucho y Nacientes; […] Igualmente hace presente que para trabajar en la referida apertura al camino arbitró comprar 52 negros, que según consta costaron con su conducción y manutención 12 653 pesos 6 reales (Nevárez, 2006, p.393).

Por su parte Kolberg (1996), refiere que para 1854 un extraño aspecto, de nada semejante a la comarca selvática de Esmeraldas es el que ofrecen un par de aldeas de negros en el río Santiago, Uimbí  y Cachabí. Parecen prevenir del tiempo de la abolición de la esclavitud. Los primitivos esclavos se fusionaron y se establecieron con la mayor naturaleza como en África (p.208).

En el año de 1899, en Colombia comienza el conflicto violento entre conservadores y liberales “La Guerra de los Mil Días”, que provocó la salida de muchos hermanos colombianos hacia San Lorenzo del Pailón y otros territorios del país.

Como se puede observar la población negra de San Lorenzo del Pailón obedece a un sinnúmero de migraciones desde tiempos coloniales que dejaron una enorme huella africana.  Contingentes negros que llegaron unos en busca de libertad, otros traídos en calidad de esclavos para trabajar en las principales minas, asentadas en Cachaví y Guembí y la construcción del camino de Malbucho. Grupos negros que dieron una nueva fisonomía cultural a la región del Pailón. Una cultura con sus manifestaciones culturales, artísticas, espirituales y sociales, que se expandió por todos los rincones de estas tierras, y que se expresa en sus mitologías, cantos, danzas, cuentos, leyendas, décimas, tradiciones, creencias, y gastronomía, y son referentes de potencial etnográfico las parroquias de Ricaurte, Carondelet, 5 de Junio, Calderón, Santa Rita, San Javier, Urbina y Concepción.

Bibliografía

Whitten N. (1992). Pioneros Negros. La Cultura Afro-Latinoamérica del Ecuador y Colombia.  Centro Cultural Afroecuatoriano. Quito- Ecuador.

 González F. (1893). Historia General de la República del Ecuador. Segunda Edición. Ariel. Guayaquil- Quito Ecuador.

 Nevárez B. (2006). El Camino a la Mar del Sur. Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión Núcleo Esmeraldas.

 Gutiérrez I. El comercio y mercado de negros esclavos en Cartagena de Indias (1533-1850) Universidad de los Andes-Bogotá. Recuperado de https://revistas.ucm.es/index.php/QUCE/article/viewFile/QUCE8787120187A/1778.

 Unesco (2001). De la Cadena al Vínculo. Una Visión de la Trata de Esclavos. Memoria de los Pueblos. La Ruta del Esclavo. Recuperado de http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001244/124486s.pdf.

 Kolberg J. (1996). Hacia el Ecuador – Relatos de Viaje. Colección Tierra Incógnita. Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Ediciones Abya-Yala. Quito – Ecuador.

Fotografía cultural de la parroquia Carondelet – Fuente Nixon Mina.

 

Cultura Indígena Contemporánea “Los Chachis”

Por MSc. Juan Javier Arroyo C.

A partir del siglo V después de la era cristiana, se cierra la historia aborigen del Ecuador antiguo, en razón de que surgieron naciones independientes, que resultaron de la agrupación de pequeñas comunidades o pueblos, para luego dar origen a la formación de confederaciones y reinos de gran envergadura que dominaron y controlaron extensos territorios, gobernados en el poder de un Cacique Mayor o Señor Étnico.

El Padre Juan de Velasco (1789) en sus escritos de la historia del Ecuador, trata de los Reinos que dominaron la época.  Así, manifiesta que en la cordillera de los Andes, existió el Reino de Quito, fundado en su más remota antigüedad por la nación llamada Quitu, gobernada por el Rey Quitu, y constituido por más de 40 provincias, que duró algunos siglos hasta que fue conquistado cerca del año mil después de la era Cristiana por los Caras, al mando de Carán Scyri, que también ocupó Atacames en las costas de Esmeraldas. En 1487 los Incas con el triunfo de Huaynacápac, acompañado de la mayor y más memorable entre todas sus conquistas, sometieron a los Caras, y luego fueron expandiendo sus dominios a otros territorios. Finalmente en 1533 los españoles conquistan el reino de los Incas, terminando así con uno de los más grandes imperios de la era precolombina (p. 29-57).

En este ambiente de guerras y conquistas, innumerables culturas fueron invadidas por los Incas, y luego por los españoles. No obstante, hubo pueblos que no aceptaron vivir bajo el imperio de otra nación, como es el caso de los indígenas Chachis, que según la tradición oral son originarios de la Amazonía ecuatoriana, quienes en el período del incario habitaban en la Sierra. De modo que, sin importar las vicisitudes de los bosques, cruzando valles, montañas, riscos y nevados, soportando fríos intensos y calor sofocante, parten al mundo de los mares, ríos y la selva “El Litoral del Pacífico”.

Carrasco E. (1983), cita algunos investigadores que reafirman lo dicho: El profesor Arcesio Ortiz, sostiene que los Chachis migraron siguiendo el curso del río Napo hacia las mesetas andinas del Pichincha e Imbabura para posteriormente bajar al litoral. Asimismo, Jijón y Caamaño, manifiesta que los “Caranquis-Cayapas-Colorados” tienen un origen amazónico, y han migrado a través de Pimampiro y el Putumayo, hacia Ibarra; posteriormente se verificó la migración al litoral. Y según Barrett, la tradición de los Chachis, conservada aún hoy, su lugar de origen fue Ibarra, de donde migraron, con intervención de sus sabios o brujos, huyendo de la conquista incaica y española (p. 17).

Según la tradición que se mantiene de generación en generación, el primer sitio que ocuparon los Chachis en la selva húmeda tropical fue Pueblo Viejo, algún tiempo vivieron en este territorio, pero tuvieron que abandonarlo, ya que, la vida era difícil, había múltiples enfermedades, y no tenían la facilidad de llevar a cabo el intercambio de productos con otras comunidades. Es así, como en una encrucijada por los ríos Santiago y Zapallo Grande, bajaron a poblar las riberas y afluentes del río Cayapas.

Carrasco E. (1983), refiere el testimonio de un informante que explica las razones del abandono de Pueblo Viejo: Pueblo viejo era muy lejos y no se puede hacer plata, ¿a dónde puede subir una canoa? ¿Adónde se lleva una madera? Muy trabajoso vivir ahí, por eso salió toda la gente (la Herradura). Salimos de Pueblo Viejo porque estaba muy lejos, mucha loma, no puede cargar, caminar al rancho, duelen los pies, mucho cansancio, por eso salieron… (Sabalito). Cuando yo era joven caminaba allá y sí había gente, como 60 hombres… de Pueblo Viejo iba a Ibarra, salía a Cotachachi. Ya no he ido… (p.16).

A la llegada de los españoles a tierras esmeraldeñas en el siglo XVI, los Chachis estaban localizados en las márgenes del río Cayapa, perteneciente al cantón Eloy Alfaro, y con el pasar de los años, en diferentes épocas se fueron expandiendo por Muisne, Rioverde, Quinindé, Esmeraldas y San Lorenzo del Pailón, en donde encontraron territorios productivos para ejercer sus actividades de subsistencia.

En San Lorenzo del Pailón a mediados del siglo XX, los Chachis se ubicaron en las márgenes del río Palabí, perteneciente a la parroquia Tululbí. Llegaron del río Cayapas del pueblo de Mafa, y al darse cuenta que la tierra era buena para sembrar plátano, yuca, chontaduro y había los ambientes para cazar animales, elaborar canoas para transportar sus productos a Borbón, deciden construir en este sitio sus viviendas y le colocan de nombre la Ceiba, en honor a un ceibo gigante que encontraron al llegar a suelo sanlorenceño.

Juan Niño, miembro de una de las familias fundadoras de la Ceiba, cuenta que sus abuelos vinieron de Mafa, por el río Cayapa. “En este lugar la tierra no era productiva, no podíamos criar chanchos, y solamente se producía el chiro. Mi abuelo decide con toda su familia bajar en canoa por Borbón, pasamos el río Santiago y el río Bogotá. Llegamos a Concepción, donde fuimos detenidos por el Teniente Político, quien nos pidió un permiso, pero finalmente, luego de preguntarnos a dónde íbamos, nos dejó pasar, y es así como luego de pasar por Calderón llegamos a Ricaurte. Nos asentamos a orillas del río Palabí, sitio en el cual había sábalo, guaña, guanta, tatabra, es decir todo lo necesario para subsistir. Después de un año comenzó a llegar más gente. Hicieron casas, para lo cual utilizaban guayacán, caña guadúa y también se trabajaba canoas con hacha. Mi papá tenía en ese entonces unos 10 años.

 En ese tiempo vestíamos con ropa cayapa, las mujeres no se tapaban todo el cuerpo, andaban casi desnudas, pero luego fueron cambiando de vestimenta por cuanto les dio vergüenza, ya que por ahí andaban los negros… Comenzaron a utilizar ropa moderna, como pantalones, blusas y camisetas…

La Ceiba es la única comunidad Chachi en medio de la selva sanlorenceña, que todavía lucha por subsistir con sus costumbres, tradiciones, y su lengua el Chá palaa, ante la sociedad del siglo XXI, que impone cambios sustanciales en las culturas primitivas, en despojo de lo tangible e intangible que se ha mantenido de generación en generación, implicando la urgencia de salvaguardar esta cultura de selvas, montes y ríos.

Cuentan los Chachis de la Ceiba que anteriormente la selva entregaba todo para la subsistencia; había muchos animales de monte, peces y frutos que sostenían la alimentación de la comunidad; tenían los materiales necesarios para la adecuación de su hábitat en medio de montes y ríos, gozaban de abundancia de madera, caña guadúa y tagua, que utilizaban para la construcción de las viviendas, canoas, instrumentos de caza y pesca; el algodón era una planta que les permitía trabajar sus hermosos vestidos tradicionales, que los combinaban al momento de usarlos con adornos de collares y pintura de achiote; y, la rampira, indispensable  el uso por las manos hábiles de las mujeres Chachis en las labores artesanales de las esteras, canastos y abanicos.

Es importante conocer que en el pueblo Chachi se llevan a cabo rituales y festividades, conservadas todavía entre las tradiciones. Los rituales se relacionan con vínculos familiares, y se manifiestan en el matrimonio, el nacimiento y la muerte, que son acontecimientos de la vida familiar; algunos rituales, como es el caso del matrimonio, es armonizado con bailes al son de marimba, bombo y cununo, expresión artística de esta cultura. También celebran dos períodos festivos eclesiásticos, el de la Noche Buena o Navidad y el de Semana Santa o Pascua, llevados a cabo, según las costumbres de la iglesia.

La cultura Chachi tiene un gobernador o Uñi, que es quién dirige la vida política de la población, con ayuda de los Chaitalas o policías. Dentro de las funciones del gobernador están la de imponer castigos, controlar la gente, dirige las cosas del pueblo, hace casar, con un espacio ético, sagrado y mágico, entrega mujer, crea solidaridad entre los residentes del sector. 

Para concluir es fundamental decir que las actividades depredadoras de las empresas de madera, el irracional uso del bosque, la contaminación de los ríos, la colonización de los espacios, está disminuyendo la vida animal y vegetal, con incidencia negativa en el desarrollo de los procesos culturales, sociales y económicos del pueblo Chachi, en desmedro de esta cultura tradicional del Pailón y de la provincia de Esmeraldas.  Lo que avala reiterar la necesidad urgente de proteger este pueblo cultural por parte del Estado, con proyectos productivos y de desarrollo socio-cultural.

 BIBLIOGRAFÍA

 Velasco, J. (1789). Historia del Reino de Quito en la América Meridional. Clásico Ariel Biblioteca de Autores Ecuatorianos. Tomo I, Parte I, p. 29-57. Quito.

 Carrasco E. (1983).  El Pueblo Chachi –EL JEENGUME AVANZA -. Colección Ethnos, p. 16, 17.  Quito.

 

Cultura Precolombina de la Tierra del Pailón “Los Tolitas”

Por MSc. Juan Javier Arroyo C.

El cantón San Lorenzo del Pailón ubicado en la frontera norte del Ecuador, en la provincia de Esmeraldas, se caracteriza por su potencial cultural y natural, acompañado de un rico legado histórico, digno de ser cultivado y resguardado en la memoria colectiva de la presente y futuras generaciones.

En épocas muy remotas, específicamente en el período regional estas tierras fueron habitadas por la cultura “Tolita”, aproximadamente 500 años antes de la era cristiana a 500 después de la era Cristiana. Los Tolitas anduvieron por los parajes del Pailón, dejando un legado a la humanidad que nunca se extinguió, expresado   en el arte de la orfebrería y alfarería, con finos diseños de figuras en cerámica, metales y piedras preciosas. Vestigios de máscaras, silbatos, estatuillas humanas, diademas, joyas en oro, colgantes, vasijas, figuras de animales, platos, flautas, adornos, entre otros objetos, configuran el conjunto artístico de su milenio floreciente en interacción armónica con los elementos de la naturaleza y relaciones con las divinidades.

Los Tolitas se ubicaron por toda la zona geográfica de San Lorenzo, caracterizado por sus bosques con palmeras, manglares, bahías, mares y ríos, ideales para la realización de actividades de subsistencia en base a la pesca, caza de animales, la recolección de frutos silvestres. Algunas de las comunidades donde se ubicaron los maestros de la orfebrería y alfarería, corresponden a las poblaciones de Mataje, Palmarreal, Tambillo, Campanita, el Brujo, Pichangal, Tolita del Pailón, Cauchal, las Delicias y Concepción.

Un remanente cultural es la isla Tolita del Pailón o Tolita de los Castillos, localizada a 20 minutos vía marítima de la ciudad de San Lorenzo, es un sitio de  interés cultural que aún se mantiene en el tiempo con su tupida vegetación, de donde sobresalen  grandes palmeras de coco, junto a la playa de tasqueros, cangrejos, caracolas y vestigios correspondientes a ralladores, silbatos, figurillas, ollas, jarrones, cucharas y animales, que afloran a la superficie con la erosión del barro, producido por las permanentes oleadas de las aguas del mar. Esta isla se ha convertido en la guardiana del legado dejado por los primitivos, a pesar de los innumerables saqueos que ha sufrido con el transcurrir de los años.

Por otra parte, es importante decir que la cultura Tolita se desarrolló desde la zona norte de Esmeraldas Ecuador, hasta el norte de Buenaventura Colombia, razón por la cual se la conoce como Sociedades Tumaco o Tolita. En el cantón Eloy Alfaro, prosperó el gran centro cultural denominado “La Tolita” donde se descubrió el raro arte de la utilización del platino. La Tolita, localizada en la desembocadura del río Santiago es uno de los sitios históricos más destacados, sus vínculos culturales, al parecer, fueron muy estrechos con grupos humanos de otros territorios más alejados.

Para saber, el nombre “Tolita” se lo atribuye a la diversidad de “tolas” encontradas en poblados de la costa del Pacífico, las mismas que son montículos de tierras que servían de base para las viviendas y varios tipos de entierros funerarios de los indígenas, con todos los bienes o riquezas que poseían.

La arqueología encontrada en diferentes lugares del territorio ecuatoriano y colombiano, representan de manera realista el sistema social que imperaba en la cultura Tolita, con niveles de organización, forma de las viviendas, el vestido que utilizaban, los ritos ceremoniales, gobierno y la economía de subsistencia. Los niveles de organización en señoríos teocráticos, los asentamientos urbanos y los grandes centros rituales, se complementaron con un impresionante adelanto en la producción de bienes de gran calidad artística y técnica, que evidencian una religión politeísta, dirigida por los caciques o gobernantes, orientada ceremonialmente en el culto a obras arquitectónicas representando a las deidades, la adoración de ciertos animales, la utilización de plantas y otros elementos de la naturaleza para actividades purificadoras y de curanderías.

Almeida (1999) en sus investigaciones manifiesta que los Tolitas utilizaban trajes adornados en función de las concepciones religiosas y sociales. Aprovechamiento de materia prima del hábitat, obtención de otras por medio de intercambio y desarrollo de la artesanía suntuaria a partir de los metales, plumas de aves y pieles de animales, que se convirtieron en productos de alta demanda para satisfacer las demandas decorativas y ornamentales. El tatuaje se convirtió en complemento de la representación personal que, combinado con el adorno, demuestra la existencia de personajes de muy rica variada y rica ornamentación (pág. 14).

Valdez (1989) hace hincapié en lo expresado, y afirma: “Que durante el auge de los Tolitas se intensificó la producción de objetos utilizados en ritos funerarios, como la joyería con piedras preciosas, además de cueros de animales, plumos y tejidos” (pág. 44).

En lo relacionado al desarrollo de la economía, fue de subsistencia combinada fundamentada en la agricultura y pesca, adaptada a una región altamente productiva, como es el medio ambiente de manglares y tierras firmes. Los restos arqueológicos de la cultura material que permiten inferir este tipo de economía, son implementos líticos: pesas de redes con muescas laterales fueron usadas en actividades de pesca; metates, manos de moler, machacadores y hachas trapezoidales se utilizaron en actividades agrícolas y en diversos trabajos en la selva (Valdez, 1987, p. 27-30).

Para el año 500 después de la era Cristiana, la cultura Tolita, luego de siglos de dominio cultural en la región, comienza a desaparecer de forma enigmática, dejando las interrogantes de las causas, que todavía no encuentran respuestas reales en investigadores y la sociedad. Y en su lugar se asentaron nuevas culturas como los Caras, Atacames, Teaone, Yumbos, Malabas, Niguas, Campases, Cayapas, Awá, Tórtolas, Cayapas, Awá. Una nueva generación de pueblos indígenas con sus propias expresiones y características, que dieron inicio a una nueva etapa social, cultural y religiosa de la zona.

Recapitulando, se puede decir que los Tolitas cultivaron el arte como referente de perfeccionamiento individual, colectivo, y la única forma de vivificar a las generaciones su rica historia, sus modos de vida, pensamiento, sentimiento, el amor y cuidado a la naturaleza. La arqueología hallada es un remante cultural, un valioso legado para la humanidad de un glorioso pueblo precolombino, que debe ser salvaguardada por nuestra sociedad presente y futura.

Bibliografía

Almeida, E. (1999) Vestidos y Adornos en las Sociedades Aborígenes del Ecuador. Museo Nacional del Banco Central del Ecuador, p. 14.  Quito.

 Valdez F. (1989) “La Sociedad Tolita” En Nuestro pasado la Tolita.   Museo del Banco Central del Ecuador. Quito. p. 44.

 Valdez F. (1987) Proyecto Arqueológico La Tolita. Museo Nacional del Banco Central del Ecuador, p. 27-30.  Quito.