Orígenes de los Primeros Contingentes Negros en la Zona del Pailón

Por MSc. Juan J. Arroyo C.

En tiempos de la Colonia, siglo XVI, los españoles explotaban los recursos naturales del Nuevo Continente, y la mano de obra indígena ya no era suficiente, por cuanto empezaron a tener problemas de salud, debido a que trabajaban en condiciones inhumanas y no rendían lo esperado, de modo que fue necesario la traída de contingentes de esclavos negros, para mejorar la producción minera, junto con actividades complementarias de transporte, servicios domésticos en haciendas, entre otras tareas.

Whitten (1992), cita a Friedemann  quien manifiesta que el contrabando de esclavos era llevado a cabo por los portugueses, holandeses, franceses e ingleses, quienes abastecían a los españoles con contingentes negros, originarios de Guinea Ecuatorial, Región del Río Senegal, Angola, Nigeria, Congo, Sudán, Costa de Oro y el Golfo de Benin o Costa de los Esclavos, obtenidos mediante la caza directa, la violencia y el fraude, para luego ser vendidos a diferentes precios de acuerdo al origen, sexo, edad, condiciones físicas y oficio(p.42).

El comercio de esclavos era una de las actividades más demandadas y lucrativas de la época. La Real Audiencia de Quito, El Virreinato del Perú, La Capitanía General de Venezuela, recibían contingentes negros ingresados por el principal puerto del Virreinato de Nueva Granada “Cartagena de Indias”. Whitten (1992) al respeto menciona: Los esclavos traídos del África eran desembarcados en Cartagena en condición deplorable, desnudos o semidesnudos, y portando una gran cantidad de enfermedades contagiosas […]. Tan pronto llegaban eran medidos, marcados y reducidos de seres humanos a la condición de “piezas de indias” (p.48).

El transporte de los esclavos por vía marítima […], la circulación de los buques negreros daba muestras de una organización financiera que se había preparado cuidadosamente en Europa. Permisos, entre ellos el famoso «asiento» o cosa convenida, contratos, monopolios de Estado, etc. reglamentaban el transporte de los esclavos y con este fin se había establecido en Sevilla una Casa de Contratación. Alemanes, españoles, portugueses, italianos, ingleses, franceses, daneses y otros fletaban barcos que llegaban a las costas de África cargados de productos de trueque e intercambiaban su carga por un cargamento humano […] (Unesco, 2001, p.49).

 En los primeros años de la conquista los negros esclavos introducidos por Cartagena procedían de Guinea y Cabo Verde, pero los enclaves de las costas africanas que proveyeron de esclavos durante toda la trata se extendían desde las costas de Senegambia hasta las de Angola. Entre 1550-1640, cuando la trata estuvo en manos de los portugueses, las tres cuartas partes de los esclavos fueron sacados de Guinea y de Angola. Al intervenir en el tráfico otras potencias europeas se introdujeron cambios en los lugares de procedencia. […]. El esfuerzo por descifrar este cúmulo de denominaciones ha dado resultados positivos en trabajos realizados por Curtin y Aguirre Beltrán y para la Nueva Granada por Germán Colmenares […], ha logrado establecer para algunos períodos el origen africano de los esclavos vendidos en Cartagena. Así, para los años 1705-1748 ha encontrado las siguientes regiones y grupos: SENEGAMBIA — Mandingas, Babara. Costa de LA PIMIENTA — Cetres, Canga. Costa del ORO — Minas, Caramanti. Golfo de BENIN — Ararás, Fon Lucumies, Popo, Aya, Camba, Cotocolí. Golfo de BIAFRA — Carabali, Ibo, Bibi. AFRICA CENTRAL — Congos, Luangos. Para este período, Costa del Oro y el Golfo de Benin proporcionaron más de la mitad de los esclavos. A partir de 1730 el Golfo de Fhafra y Africa Central comenzaron a desplazar esta fuente de aprovisionamiento. El mayor número de esclavos en este período era «minas», procedentes de la fortaleza de Elmina, levantada por los portugueses frente a la costa del Oro. Le siguieron en importancia los «araras», designación genérica para los embarcados en el golfo de Benin. Otras – denominaciones son los «fon», probablemente del sur de Dahomey; los «lucumies», de habla yornba del delta del Níger; los «carabalies», que podían proceder del puerto de Kalabari y serían grupos «Ibo» o «Ijo» o del viejo Calabar y se trataría de grupos «Efik» o «Ibi bio»; los «congos», muy numerosos en Cartagena procedentes de pueblos de habla flantú; los «mandinga», nombre con que se designaba a los procedentes de la región entre Gambia, norte de Gahana y Alto Volta. Otras muchas denominaciones como los angalo, mozambique, etc., aparecen también entre los esclavos vendidos en el puerto de Cartagena durante esos años (Gutiérrez,  s/f., p.193).

 Por otro lado, González(1893),relata que en el siglo XVI, las tierras esmeraldeñas estuvieron muy pobladas; había varias tribus de indígenas, entre las cuales se distinguían las de los Niguas, Lachis, Campaces, Malabas y Cayapas, con idiomas propios. Vivían también varios negros, quienes  eran náufragos que salvaron de un barco, que escolló en las costas de Esmeraldas, y ganaron tierra a nado; internándose después en el país, vinieron a ser los señores de toda la comarca. El principal de estos negros era Alonso Illesca, el cual había vivido en Sevilla y hablaba muy bien el castellano (p.20).

En el siglo XVII, grupos de esclavos negros, conocidos como cimarrones, huyen de las minas de Barbacoa en Nueva Granada, cruzan la frontera, sobreponiéndose a los peligros de la naturaleza y las inclemencias del tiempo, en busca de libertad. Los negros se expandieron por toda la costa Norte del Ecuador, y encontraron en la zona del Pailón, uno de los escenarios ideales para la subsistencia, clima caluroso, manglares y bosques similares a los de sus propios países de donde fueron raptados.Al respecto se sostiene que “Los negros importados para trabajar las minas de la zona de los Barbacoas de Colombia a mediados del siglo XVII son los primeros cuya presencia cerca del norte de Esmeraldas está verdaderamente documentada”  (West, citado por Whitten, 1992, p.42).

Maldonado recorrió una ruta para el camino de Ibarra a Limones, remontando las cabeceras del río San Miguel hasta encontrar una buena vía para subir al centro de Yanaurco, cerca de Otavalo. Entre las motivaciones para emprender dicha obra se encuentra la posibilidad de control de un recurso recién descubierto, el oro del río Santiago, lo que suponía el establecimiento de distritos mineros que podían ser abastecidos con los productos de Ibarra, al tiempo que mantenían habilitada la nueva vía. El contrato de construcción de este camino estuvo a cargo de los mulatos Francisco y Santiago Rosero, vecinos de Palma Real, quienes trabajaron el camino desde Alto Tambo  hasta el río Turubí donde se pensaba establecer el embarcadero, bodegas y casas de viviendas. Con la nueva vía, mineros de Tumaco, Popayán y Barbacoas solicitaron a Maldonado, en su calidad de Gobernador, la adjudicación de tierras realengas para iniciar el entable de las minas, así como el permiso para introducir ganado para la manutención de las cuadrillas de negros que se pensaba trasladar. Estancio Amaral, natural de Barbacoas, propuso como sitios para edificar sus minas aquellos que se encontraban entre Lachas y Malbucho. La documentación certifica la presencia, a partir de 1738, de asentamientos mineros en las márgenes del Santiago, Bogotá, Cachaví, Guembí y Zapallo, cuadrillas que oscilan entre 19 y 55 negros esclavos. También trabajaron los Cayapas, pues la carta enviada por el cacique Gerónimo Udapa al Protector General refiere los malos tratos que les dan españoles, negros y mulatos, así como de la población que se ha reunido  por parte de Maldonado para establecer el puerto denominado Palma Real, donde ellos hacen e servicio de centinelas(Nevárez, 2006, p. 266).

En 1805, “El Presidente de la Audiencia de Quito […] manifiesta que a consecuencia de la Real orden de 28 de Diciembre de 1801, por la cual se mandaron entregar 4 mil pesos para la apertura y establecimiento del camino de Santiago al sur y puerto de la Tola, hizo formar el correspondiente itinerario, levantar la carta geográfica del terreno y después se formalizaron las tres poblaciones de San Francisco de Carondelet, Malbucho y Nacientes; […] Igualmente hace presente que para trabajar en la referida apertura al camino arbitró comprar 52 negros, que según consta costaron con su conducción y manutención 12 653 pesos 6 reales (Nevárez, 2006, p.393).

Por su parte Kolberg (1996), refiere que para 1854 un extraño aspecto, de nada semejante a la comarca selvática de Esmeraldas es el que ofrecen un par de aldeas de negros en el río Santiago, Uimbí  y Cachabí. Parecen prevenir del tiempo de la abolición de la esclavitud. Los primitivos esclavos se fusionaron y se establecieron con la mayor naturaleza como en África (p.208).

En el año de 1899, en Colombia comienza el conflicto violento entre conservadores y liberales “La Guerra de los Mil Días”, que provocó la salida de muchos hermanos colombianos hacia San Lorenzo del Pailón y otros territorios del país.

Como se puede observar la población negra de San Lorenzo del Pailón obedece a un sinnúmero de migraciones desde tiempos coloniales que dejaron una enorme huella africana.  Contingentes negros que llegaron unos en busca de libertad, otros traídos en calidad de esclavos para trabajar en las principales minas, asentadas en Cachaví y Guembí y la construcción del camino de Malbucho. Grupos negros que dieron una nueva fisonomía cultural a la región del Pailón. Una cultura con sus manifestaciones culturales, artísticas, espirituales y sociales, que se expandió por todos los rincones de estas tierras, y que se expresa en sus mitologías, cantos, danzas, cuentos, leyendas, décimas, tradiciones, creencias, y gastronomía, y son referentes de potencial etnográfico las parroquias de Ricaurte, Carondelet, 5 de Junio, Calderón, Santa Rita, San Javier, Urbina y Concepción.

Bibliografía

Whitten N. (1992). Pioneros Negros. La Cultura Afro-Latinoamérica del Ecuador y Colombia.  Centro Cultural Afroecuatoriano. Quito- Ecuador.

 González F. (1893). Historia General de la República del Ecuador. Segunda Edición. Ariel. Guayaquil- Quito Ecuador.

 Nevárez B. (2006). El Camino a la Mar del Sur. Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión Núcleo Esmeraldas.

 Gutiérrez I. El comercio y mercado de negros esclavos en Cartagena de Indias (1533-1850) Universidad de los Andes-Bogotá. Recuperado de https://revistas.ucm.es/index.php/QUCE/article/viewFile/QUCE8787120187A/1778.

 Unesco (2001). De la Cadena al Vínculo. Una Visión de la Trata de Esclavos. Memoria de los Pueblos. La Ruta del Esclavo. Recuperado de http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001244/124486s.pdf.

 Kolberg J. (1996). Hacia el Ecuador – Relatos de Viaje. Colección Tierra Incógnita. Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Ediciones Abya-Yala. Quito – Ecuador.

Fotografía cultural de la parroquia Carondelet – Fuente Nixon Mina.

 

Cultura Indígena Contemporánea “Los Chachis”

Por MSc. Juan Javier Arroyo C.

A partir del siglo V después de la era cristiana, se cierra la historia aborigen del Ecuador antiguo, en razón de que surgieron naciones independientes, que resultaron de la agrupación de pequeñas comunidades o pueblos, para luego dar origen a la formación de confederaciones y reinos de gran envergadura que dominaron y controlaron extensos territorios, gobernados en el poder de un Cacique Mayor o Señor Étnico.

El Padre Juan de Velasco (1789) en sus escritos de la historia del Ecuador, trata de los Reinos que dominaron la época.  Así, manifiesta que en la cordillera de los Andes, existió el Reino de Quito, fundado en su más remota antigüedad por la nación llamada Quitu, gobernada por el Rey Quitu, y constituido por más de 40 provincias, que duró algunos siglos hasta que fue conquistado cerca del año mil después de la era Cristiana por los Caras, al mando de Carán Scyri, que también ocupó Atacames en las costas de Esmeraldas. En 1487 los Incas con el triunfo de Huaynacápac, acompañado de la mayor y más memorable entre todas sus conquistas, sometieron a los Caras, y luego fueron expandiendo sus dominios a otros territorios. Finalmente en 1533 los españoles conquistan el reino de los Incas, terminando así con uno de los más grandes imperios de la era precolombina (p. 29-57).

En este ambiente de guerras y conquistas, innumerables culturas fueron invadidas por los Incas, y luego por los españoles. No obstante, hubo pueblos que no aceptaron vivir bajo el imperio de otra nación, como es el caso de los indígenas Chachis, que según la tradición oral son originarios de la Amazonía ecuatoriana, quienes en el período del incario habitaban en la Sierra. De modo que, sin importar las vicisitudes de los bosques, cruzando valles, montañas, riscos y nevados, soportando fríos intensos y calor sofocante, parten al mundo de los mares, ríos y la selva “El Litoral del Pacífico”.

Carrasco E. (1983), cita algunos investigadores que reafirman lo dicho: El profesor Arcesio Ortiz, sostiene que los Chachis migraron siguiendo el curso del río Napo hacia las mesetas andinas del Pichincha e Imbabura para posteriormente bajar al litoral. Asimismo, Jijón y Caamaño, manifiesta que los “Caranquis-Cayapas-Colorados” tienen un origen amazónico, y han migrado a través de Pimampiro y el Putumayo, hacia Ibarra; posteriormente se verificó la migración al litoral. Y según Barrett, la tradición de los Chachis, conservada aún hoy, su lugar de origen fue Ibarra, de donde migraron, con intervención de sus sabios o brujos, huyendo de la conquista incaica y española (p. 17).

Según la tradición que se mantiene de generación en generación, el primer sitio que ocuparon los Chachis en la selva húmeda tropical fue Pueblo Viejo, algún tiempo vivieron en este territorio, pero tuvieron que abandonarlo, ya que, la vida era difícil, había múltiples enfermedades, y no tenían la facilidad de llevar a cabo el intercambio de productos con otras comunidades. Es así, como en una encrucijada por los ríos Santiago y Zapallo Grande, bajaron a poblar las riberas y afluentes del río Cayapas.

Carrasco E. (1983), refiere el testimonio de un informante que explica las razones del abandono de Pueblo Viejo: Pueblo viejo era muy lejos y no se puede hacer plata, ¿a dónde puede subir una canoa? ¿Adónde se lleva una madera? Muy trabajoso vivir ahí, por eso salió toda la gente (la Herradura). Salimos de Pueblo Viejo porque estaba muy lejos, mucha loma, no puede cargar, caminar al rancho, duelen los pies, mucho cansancio, por eso salieron… (Sabalito). Cuando yo era joven caminaba allá y sí había gente, como 60 hombres… de Pueblo Viejo iba a Ibarra, salía a Cotachachi. Ya no he ido… (p.16).

A la llegada de los españoles a tierras esmeraldeñas en el siglo XVI, los Chachis estaban localizados en las márgenes del río Cayapa, perteneciente al cantón Eloy Alfaro, y con el pasar de los años, en diferentes épocas se fueron expandiendo por Muisne, Rioverde, Quinindé, Esmeraldas y San Lorenzo del Pailón, en donde encontraron territorios productivos para ejercer sus actividades de subsistencia.

En San Lorenzo del Pailón a mediados del siglo XX, los Chachis se ubicaron en las márgenes del río Palabí, perteneciente a la parroquia Tululbí. Llegaron del río Cayapas del pueblo de Mafa, y al darse cuenta que la tierra era buena para sembrar plátano, yuca, chontaduro y había los ambientes para cazar animales, elaborar canoas para transportar sus productos a Borbón, deciden construir en este sitio sus viviendas y le colocan de nombre la Ceiba, en honor a un ceibo gigante que encontraron al llegar a suelo sanlorenceño.

Juan Niño, miembro de una de las familias fundadoras de la Ceiba, cuenta que sus abuelos vinieron de Mafa, por el río Cayapa. “En este lugar la tierra no era productiva, no podíamos criar chanchos, y solamente se producía el chiro. Mi abuelo decide con toda su familia bajar en canoa por Borbón, pasamos el río Santiago y el río Bogotá. Llegamos a Concepción, donde fuimos detenidos por el Teniente Político, quien nos pidió un permiso, pero finalmente, luego de preguntarnos a dónde íbamos, nos dejó pasar, y es así como luego de pasar por Calderón llegamos a Ricaurte. Nos asentamos a orillas del río Palabí, sitio en el cual había sábalo, guaña, guanta, tatabra, es decir todo lo necesario para subsistir. Después de un año comenzó a llegar más gente. Hicieron casas, para lo cual utilizaban guayacán, caña guadúa y también se trabajaba canoas con hacha. Mi papá tenía en ese entonces unos 10 años.

 En ese tiempo vestíamos con ropa cayapa, las mujeres no se tapaban todo el cuerpo, andaban casi desnudas, pero luego fueron cambiando de vestimenta por cuanto les dio vergüenza, ya que por ahí andaban los negros… Comenzaron a utilizar ropa moderna, como pantalones, blusas y camisetas…

La Ceiba es la única comunidad Chachi en medio de la selva sanlorenceña, que todavía lucha por subsistir con sus costumbres, tradiciones, y su lengua el Chá palaa, ante la sociedad del siglo XXI, que impone cambios sustanciales en las culturas primitivas, en despojo de lo tangible e intangible que se ha mantenido de generación en generación, implicando la urgencia de salvaguardar esta cultura de selvas, montes y ríos.

Cuentan los Chachis de la Ceiba que anteriormente la selva entregaba todo para la subsistencia; había muchos animales de monte, peces y frutos que sostenían la alimentación de la comunidad; tenían los materiales necesarios para la adecuación de su hábitat en medio de montes y ríos, gozaban de abundancia de madera, caña guadúa y tagua, que utilizaban para la construcción de las viviendas, canoas, instrumentos de caza y pesca; el algodón era una planta que les permitía trabajar sus hermosos vestidos tradicionales, que los combinaban al momento de usarlos con adornos de collares y pintura de achiote; y, la rampira, indispensable  el uso por las manos hábiles de las mujeres Chachis en las labores artesanales de las esteras, canastos y abanicos.

Es importante conocer que en el pueblo Chachi se llevan a cabo rituales y festividades, conservadas todavía entre las tradiciones. Los rituales se relacionan con vínculos familiares, y se manifiestan en el matrimonio, el nacimiento y la muerte, que son acontecimientos de la vida familiar; algunos rituales, como es el caso del matrimonio, es armonizado con bailes al son de marimba, bombo y cununo, expresión artística de esta cultura. También celebran dos períodos festivos eclesiásticos, el de la Noche Buena o Navidad y el de Semana Santa o Pascua, llevados a cabo, según las costumbres de la iglesia.

La cultura Chachi tiene un gobernador o Uñi, que es quién dirige la vida política de la población, con ayuda de los Chaitalas o policías. Dentro de las funciones del gobernador están la de imponer castigos, controlar la gente, dirige las cosas del pueblo, hace casar, con un espacio ético, sagrado y mágico, entrega mujer, crea solidaridad entre los residentes del sector. 

Para concluir es fundamental decir que las actividades depredadoras de las empresas de madera, el irracional uso del bosque, la contaminación de los ríos, la colonización de los espacios, está disminuyendo la vida animal y vegetal, con incidencia negativa en el desarrollo de los procesos culturales, sociales y económicos del pueblo Chachi, en desmedro de esta cultura tradicional del Pailón y de la provincia de Esmeraldas.  Lo que avala reiterar la necesidad urgente de proteger este pueblo cultural por parte del Estado, con proyectos productivos y de desarrollo socio-cultural.

 BIBLIOGRAFÍA

 Velasco, J. (1789). Historia del Reino de Quito en la América Meridional. Clásico Ariel Biblioteca de Autores Ecuatorianos. Tomo I, Parte I, p. 29-57. Quito.

 Carrasco E. (1983).  El Pueblo Chachi –EL JEENGUME AVANZA -. Colección Ethnos, p. 16, 17.  Quito.

 

Cultura Precolombina de la Tierra del Pailón “Los Tolitas”

Por MSc. Juan Javier Arroyo C.

El cantón San Lorenzo del Pailón ubicado en la frontera norte del Ecuador, en la provincia de Esmeraldas, se caracteriza por su potencial cultural y natural, acompañado de un rico legado histórico, digno de ser cultivado y resguardado en la memoria colectiva de la presente y futuras generaciones.

En épocas muy remotas, específicamente en el período regional estas tierras fueron habitadas por la cultura “Tolita”, aproximadamente 500 años antes de la era cristiana a 500 después de la era Cristiana. Los Tolitas anduvieron por los parajes del Pailón, dejando un legado a la humanidad que nunca se extinguió, expresado   en el arte de la orfebrería y alfarería, con finos diseños de figuras en cerámica, metales y piedras preciosas. Vestigios de máscaras, silbatos, estatuillas humanas, diademas, joyas en oro, colgantes, vasijas, figuras de animales, platos, flautas, adornos, entre otros objetos, configuran el conjunto artístico de su milenio floreciente en interacción armónica con los elementos de la naturaleza y relaciones con las divinidades.

Los Tolitas se ubicaron por toda la zona geográfica de San Lorenzo, caracterizado por sus bosques con palmeras, manglares, bahías, mares y ríos, ideales para la realización de actividades de subsistencia en base a la pesca, caza de animales, la recolección de frutos silvestres. Algunas de las comunidades donde se ubicaron los maestros de la orfebrería y alfarería, corresponden a las poblaciones de Mataje, Palmarreal, Tambillo, Campanita, el Brujo, Pichangal, Tolita del Pailón, Cauchal, las Delicias y Concepción.

Un remanente cultural es la isla Tolita del Pailón o Tolita de los Castillos, localizada a 20 minutos vía marítima de la ciudad de San Lorenzo, es un sitio de  interés cultural que aún se mantiene en el tiempo con su tupida vegetación, de donde sobresalen  grandes palmeras de coco, junto a la playa de tasqueros, cangrejos, caracolas y vestigios correspondientes a ralladores, silbatos, figurillas, ollas, jarrones, cucharas y animales, que afloran a la superficie con la erosión del barro, producido por las permanentes oleadas de las aguas del mar. Esta isla se ha convertido en la guardiana del legado dejado por los primitivos, a pesar de los innumerables saqueos que ha sufrido con el transcurrir de los años.

Por otra parte, es importante decir que la cultura Tolita se desarrolló desde la zona norte de Esmeraldas Ecuador, hasta el norte de Buenaventura Colombia, razón por la cual se la conoce como Sociedades Tumaco o Tolita. En el cantón Eloy Alfaro, prosperó el gran centro cultural denominado “La Tolita” donde se descubrió el raro arte de la utilización del platino. La Tolita, localizada en la desembocadura del río Santiago es uno de los sitios históricos más destacados, sus vínculos culturales, al parecer, fueron muy estrechos con grupos humanos de otros territorios más alejados.

Para saber, el nombre “Tolita” se lo atribuye a la diversidad de “tolas” encontradas en poblados de la costa del Pacífico, las mismas que son montículos de tierras que servían de base para las viviendas y varios tipos de entierros funerarios de los indígenas, con todos los bienes o riquezas que poseían.

La arqueología encontrada en diferentes lugares del territorio ecuatoriano y colombiano, representan de manera realista el sistema social que imperaba en la cultura Tolita, con niveles de organización, forma de las viviendas, el vestido que utilizaban, los ritos ceremoniales, gobierno y la economía de subsistencia. Los niveles de organización en señoríos teocráticos, los asentamientos urbanos y los grandes centros rituales, se complementaron con un impresionante adelanto en la producción de bienes de gran calidad artística y técnica, que evidencian una religión politeísta, dirigida por los caciques o gobernantes, orientada ceremonialmente en el culto a obras arquitectónicas representando a las deidades, la adoración de ciertos animales, la utilización de plantas y otros elementos de la naturaleza para actividades purificadoras y de curanderías.

Almeida (1999) en sus investigaciones manifiesta que los Tolitas utilizaban trajes adornados en función de las concepciones religiosas y sociales. Aprovechamiento de materia prima del hábitat, obtención de otras por medio de intercambio y desarrollo de la artesanía suntuaria a partir de los metales, plumas de aves y pieles de animales, que se convirtieron en productos de alta demanda para satisfacer las demandas decorativas y ornamentales. El tatuaje se convirtió en complemento de la representación personal que, combinado con el adorno, demuestra la existencia de personajes de muy rica variada y rica ornamentación (pág. 14).

Valdez (1989) hace hincapié en lo expresado, y afirma: “Que durante el auge de los Tolitas se intensificó la producción de objetos utilizados en ritos funerarios, como la joyería con piedras preciosas, además de cueros de animales, plumos y tejidos” (pág. 44).

En lo relacionado al desarrollo de la economía, fue de subsistencia combinada fundamentada en la agricultura y pesca, adaptada a una región altamente productiva, como es el medio ambiente de manglares y tierras firmes. Los restos arqueológicos de la cultura material que permiten inferir este tipo de economía, son implementos líticos: pesas de redes con muescas laterales fueron usadas en actividades de pesca; metates, manos de moler, machacadores y hachas trapezoidales se utilizaron en actividades agrícolas y en diversos trabajos en la selva (Valdez, 1987, p. 27-30).

Para el año 500 después de la era Cristiana, la cultura Tolita, luego de siglos de dominio cultural en la región, comienza a desaparecer de forma enigmática, dejando las interrogantes de las causas, que todavía no encuentran respuestas reales en investigadores y la sociedad. Y en su lugar se asentaron nuevas culturas como los Caras, Atacames, Teaone, Yumbos, Malabas, Niguas, Campases, Cayapas, Awá, Tórtolas, Cayapas, Awá. Una nueva generación de pueblos indígenas con sus propias expresiones y características, que dieron inicio a una nueva etapa social, cultural y religiosa de la zona.

Recapitulando, se puede decir que los Tolitas cultivaron el arte como referente de perfeccionamiento individual, colectivo, y la única forma de vivificar a las generaciones su rica historia, sus modos de vida, pensamiento, sentimiento, el amor y cuidado a la naturaleza. La arqueología hallada es un remante cultural, un valioso legado para la humanidad de un glorioso pueblo precolombino, que debe ser salvaguardada por nuestra sociedad presente y futura.

Bibliografía

Almeida, E. (1999) Vestidos y Adornos en las Sociedades Aborígenes del Ecuador. Museo Nacional del Banco Central del Ecuador, p. 14.  Quito.

 Valdez F. (1989) “La Sociedad Tolita” En Nuestro pasado la Tolita.   Museo del Banco Central del Ecuador. Quito. p. 44.

 Valdez F. (1987) Proyecto Arqueológico La Tolita. Museo Nacional del Banco Central del Ecuador, p. 27-30.  Quito.